Huelga general en dos días y otra cita en Madrid a las 20:00
El hilo ya no discute si hay huelga. La da por hecha. «Huelga General, huelga General», arranca un participante, y enumera de dónde le llega el aviso: la tele, los sindicatos, el sindicato de Inquilinas y otro foro. Añade el plazo: en dos días se ha llegado hasta aquí y en una semana, dice, estamos como Francia. Nadie le discute el calendario. Lo que se discute es a quién le toca parar.
Qué se ha sabido
Poco, y casi todo de rebote. Un participante pega una imagen de Valencia con el rótulo de «ahora mismo» y la suelta sin más. La cita con hora y calle llega por la tarde: hay una convocatoria de extrema derecha para las
20:00 en Madrid, punto de encuentro en el metro Banco de España a las
19:30 y la calle Alcalá 21 después. Quien la trae avisa de que ambas estaban citadas en el mismo número y de que a última hora el punto se ha movido unos cientos de metros, del centro de la calle al principio.
Otro forero apunta que la manifestación de Madrid ha empezado en Plaza de España. Y el que da por hecha la huelga anuncia que abre un hilo aparte porque se le amontonan los acontecimientos: no quiere soltar el suyo y deja caer que igual acaba juntando los dos.
Sobre el dinero que sostiene todo esto, vuelven los enlaces. Uno lleva a la crónica del viaje del presidente a Estados Unidos con Alex Soros y su ronda de fondos;
otro recoge los encuentros entre el presidente y George Soros durante el mandato. Quien los pega se queja de que la herramienta del foro no le responde a la pregunta que hizo, y termina contestándosela él.
Dónde está la bronca
La pelea se ha movido de cuánta gente hay a quién puede permitirse parar. Un participante lo resume: los funcionarios son los únicos que pueden permitirse el lujo de hacer huelga porque cobran igual, y eso, dice, no es solidaridad. El autónomo que cierra el día no cobra y el cliente se va a la competencia. De ahí su conclusión: los que convocan tienen nómina garantizada y los que trabajan de verdad no van a aparecer.
Otro firma sin dudar la huelga de estudiantes y profesores. De los trabajadores por cuenta ajena, no. «La gente de a pie tiene miedo a perder su trabajo», escribe, y añade que haría falta tanta quemazón que a la gente le diera igual perder el empleo, algo que, a su juicio, no va a pasar. Un tercero lo cierra con una pregunta: cómo hace huelga alguien que jamás ha trabajado.
Enfrente está el umbral. En Madrid, sostiene un forero, si no sacas
un millón de personas es un fracaso, y calcula que cualquier grupo reducido se planta en la calle con diez mil. Hay quien recuerda que los que dirigen los sindicatos están liberados de trabajar y que el sindicato de inquilinos no se sabe de dónde sale ni quién lo paga.
El otro choque tiene a Ceuta de fondo. Un participante sostiene que el Gobierno ha logrado que se olvide lo de Ceuta y que encima le ha colocado el problema de la vivienda a la oposición, que es el principal para los españoles según las encuestas. Otro resume el giro con una palabra y avisa de que el país se está
psoeizando otra vez, porque cuando parecía liquidado el asunto le ha devuelto la iniciativa. Y un tercero apunta que quien va a subir no es tanto la izquierda como los nacionalismos, y que sin un resultado fuerte de Vox el Partido Popular tendría que pactar con los nacionalistas.
Sobre la convocatoria de la tarde, un forero se lo toma a broma: los que salen esta noche pidiendo vivienda piden casita y paguita, dice, para los españoles. Otro responde que si hay algo para unos primero y para el resto después, eso es lo que no traga, aunque admite que él no vota y por tanto, ironiza, no tiene derecho a opinar.
Qué cambia respecto a antes
Que la huelga general ha dejado de ser una amenaza y se trata como un hecho consumado. Ya no se discute si se convoca, sino quién la secunda. La jornada deja de ser una cifra suelta y pasa a tener umbrales: un millón en Madrid o fracaso. Y entra en escena una cita nueva para la misma tarde, la de la extrema derecha, que se apunta con un lema propio sobre la vivienda. La tarde, avisa quien lo cuenta, se va a liar.