¿Ganará Ucrania? El Departamento de Estado dice que sí, pero la historia invita a la cautela
Que el Departamento de Estado de Estados Unidos asegure que Ucrania ha alcanzado un punto de inflexión que le llevará a ganar la guerra no debería tomarse al pie de la letra. Al menos si atendemos a los precedentes. La misma administración estadounidense anunció en 1973 que Vietnam del Sur estaba a punto de derrotar al Vietcong; dos años después, Saigón caía y las tropas evacuaban la embajada en helicóptero. Más cerca en el tiempo, en 2021, el Pentágono pronosticaba que el ejército afgano resistiría al menos seis meses tras la retirada; en agosto, los talibanes entraban en Kabul.
El fantasma de Vietnam y Afganistán
Las comparaciones históricas son inevitables cuando Washington lanza un comunicado de victoria inminente. En ambos conflictos, la inteligencia estadounidense sobreestimó la capacidad de sus aliados y subestimó la resiliencia del adversario. En el caso ucraniano, el escepticismo se multiplica por la volatilidad del apoyo militar: la Administración Trump ya había suspendido temporalmente la ayuda antes de que Biden la retomara, lo que genera dudas sobre la continuidad del respaldo.
La brecha entre el relato y el terreno
Mientras la retórica oficial habla de victoria, en el frente la situación sigue siendo de desgaste. Las bajas son elevadas por ambos lados, y Rusia mantiene capacidad de movilización. La experiencia reciente demuestra que los anuncios de triunfo prematuros suelen preceder a reveses tácticos o a congelaciones del conflicto sin resolución clara.
La historia no se repite, pero rima. El optimismo oficial choca con una realidad en la que la guerra se mide en metros de avance y en cifras de munición, no en titulares triunfalistas. Quien apueste por un desenlace rápido haría bien en mirar las lecciones de Indochina y el Hindu Kush.