La columna torcida de Caracena que desconcierta a los medievalistas
En la iglesia de San Pedro de Caracena (Soria), al norte del Camino de la Lana, hay una columna que no es recta. No es salomónica, simplemente está torcida. Quien la ve la describe como «una auténtica ida de olla», pero lo interesante es lo que algunos historiadores amateur han querido ver en las lápidas del lugar: una posible condena eterna.
La hipótesis templaria, recurrente en estos casos, choca con un problema cronológico de base. Quienes defienden que los enterrados pertenecían a la orden olvidan que en 1257 los templarios gozaban de pleno reconocimiento eclesiástico; su persecución no empezó hasta 1307. Difícilmente alguien habría grabado una lápida con intención condenatoria cuando la doctrina aún era ortodoxa.
La alternativa apunta a una «damnatio memoriae»: una advertencia tallada en piedra para que las generaciones futuras supieran que el difunto perteneció a una doctrina considerada peligrosa. Lo habitual en la época era alabar al fallecido o pedir oraciones; aquí ocurre exactamente lo contrario. La columna torcida, quizá no solo un capricho constructivo, podría ser el símbolo de una herejía olvidada.
Soria, tierra de poetas, místicos y centenarios, suma un enigma más. Quien recorra el Camino de la Lana y se desvíe hasta Caracena se encontrará con un templo románico que no encaja del todo con el relato oficial.