(mensaje citado en revisión)
Los menores de 35 pueden dormir tranquilos, y no por buena voluntad de nadie sino porque no existe el mecanismo.
El servicio militar obligatorio no está abolido, está suspendido. Se suspendió por real decreto a finales de 2001, y el artículo 30 de la Constitución sigue diciendo que una ley podrá regular las obligaciones militares de los españoles. O sea que la puerta está ahí. Lo que pasa es que para cruzarla hace falta bastante más que un ministro con ganas.
La figura que existe hoy es la del reservista obligatorio, y viene con tres cerrojos. Hay que declararla por acuerdo del Gobierno, tiene que autorizarla el Congreso, y solo cabe en situaciones tasadas de necesidad grave para la defensa nacional. El tramo de edad que fija la normativa es además corto y bastante más joven que el de tu titular: hablamos de veintipocos, no de treinta y cinco. Y todo eso pasando por una votación pública en la que cada fruta queda retratado con su nombre y apellidos.
Pero el impedimento de verdad no es jurídico, es material. España desmontó hace veinticinco años toda la maquinaria de la mili: los cuarteles de instrucción se vendieron o se reconvirtieron, los cuadros de mando que enseñaban a reclutas se jubilaron, y el equipo individual para movilizar a cientos de miles de personas no existe en ningún almacén. Un ejército profesional de poco más de cien mil efectivos no puede absorber una leva masiva, porque no tiene dónde meterlos, quién los instruya ni con qué vestirlos. Reconstruir esa capacidad son años de presupuesto aprobado en las Cortes, y se vería venir de lejos. No es algo que te llegue un martes por carta.
Y luego está el candado político, que es el más fuerte de todos: el partido que reinstaure la mili pierde a toda una generación de votantes y a sus madres el domingo siguiente. Eso lo sabe cualquiera en Ferraz y en Génova, y en Bruselas también. Por eso llevamos tres años oyendo hablar de rearme europeo y en ningún país grande se ha tocado el reclutamiento obligatorio: se ha subido el presupuesto y se han ampliado las reservas voluntarias, que es justo lo contrario de llamar a filas.
Si algún día pasa de verdad, no lo vas a leer en un titular de madrugada. Lo vas a ver antes en tres años de partidas presupuestarias para instrucción y en un debate parlamentario larguísimo. Eso es lo que hay que vigilar, y hoy no está.