Hambre: ¿atacar la verdura o el solomillo?
Cuando el estómago ruge no hay término medio. O se va a por la ensalada o se devora el solomillo en salsa. La pregunta parece banal, pero esconde una trinchera: unos defienden empezar por las verduras porque “no somos animales”; otros sostienen que eso depende del día y hay quien directamente se lanza a la carne, incluso con la grasa por bandera. Y luego está el bloque de los que no contestan, o contestan con un jeroglífico.
La postura vegetalista es clara: quien tiene hambre de verdad no necesita disimular. “Empezaríamos por las verduras. No somos animales”. Enfrente, los carnívoros confesos no se andan con rodeos y reivindican el solomillo, uno bien gordo y en salsa, sin fines de semana. Entre ambos extremos, los pragmáticos: “depende del día”.
Hay además un elemento moral: comer carne con hambre canina se ve por algunos como una ofensa. “No es un ñordo”, precisan. Pero la realidad es tozuda: la mayoría elige lo que más satisface, que no siempre es lo más verde.
La cuestión ni es nueva ni va a resolverse. La próxima vez que llegues con hambre al plato, sabrás que tu elección te define. Y en España, la guerra entre verdura y solomillo no ha hecho más que empezar, con la duda de si la ensalada conseguirá algún día hacer sombra al bistec.