Cangrejo en el agua: qué dice de ti tu primer impulso
La pregunta tiene algo de absurdo y de revelador: estás nadando, aparece un cangrejo. ¿Qué haces? En una conversación reciente, las reacciones no pudieron ser más opuestas: desde quien propone comérselo sin pensarlo hasta quien sale corriendo hacia la zona de percebes como si de una evacuación se tratara.
Del impulso gastronómico al pánico escénico
Hay un reflejo culinario que en la costa se entiende: el cangrejo como recurso de temporada. Otros, en cambio, lo ven como un enemigo sacado de un videojuego de terror, de esos que aparecen de repente y obligan a cambiar de estrategia. El pánico, en este caso, tiene nombre propio: huida directa a terreno de percebes, como si allí hubiera garantía de seguridad.
La conversación se va por las ramas
Como suele pasar en estos hipotéticos veraniegos, la pregunta inicial derivó en otras especies. El delfín con peluca hizo acto de presencia, y con él toda una fauna que no estaba en el planteamiento original. El cangrejo quedó casi como mero pretexto para hablar de lo que realmente preocupa: la imprevisibilidad de las criaturas marinas y de las conversaciones humanas.
El asunto se queda sin respuesta firme. Entre comerlo, huir o tratarlo como a un rival de videojuego, cada cual elige su personaje. El cangrejo, mientras tanto, sigue nadando tan tranquilo, ajeno al revuelo que ha provocado.