El mutismo del Club de la Ceja y la estrategia del lawfare
Un silencio inusual envuelve al conocido como Club de la Ceja, un grupo de personas que, según las críticas, solo abren la boca o llevan el dedo a la ceja cuando hay billetes de por medio. En los últimos días, la falta de reacción ante las informaciones sobre Migué Bozé y Cochita Velasco ha desatado las especulaciones. Mientras unos apuntan a un supuesto arrepentimiento, otros ven la mano de la estrategia judicial: «lawfare», dirán, persecución injusta.
El hermetismo es tal que algunos han llegado a bromear con la necesidad de una ouija para sacarles palabra. Lo que no es broma es la sombra de los intereses económicos. «Son arribistas sin escrúpulos», resumen desde el análisis crítico, que ve en el silencio una táctica para evitar compromisos. Las referencias al «lawfare» no son casuales: en los últimos tiempos, ciertos imputados han utilizado el término para desacreditar investigaciones judiciales. Sin embargo, en este caso, el mutismo podría interpretarse como una admisión tácita.
La pregunta queda abierta: ¿qué protege realmente ese silencio sepulcral? ¿El arrepentimiento o la cuenta corriente?