Small caps: la apuesta que lleva 1.214 días esperando su turno
¿Han llegado por fin los pezqueñines a la fiesta bursátil estadounidense? La pregunta tiene un argumento técnico concreto: el diferencial entre el SPY, el ETF que replica el S&P 500, y el IWM, el del Russell 2000, ha alcanzado un nivel exactamente idéntico al que registró en marzo de 2020, justo antes de que la pequeña capitalización iniciara una subida que terminó en un
short squeeze histórico, con GameStop, AMC, Spotify o Pinterest entre los casos más citados. Resuelto el techo de deuda y con el suelo de octubre confirmado, la tesis sostiene que el capital rotará desde las tecnológicas hacia los valores del S&P y del Russell.
Con liquidez abundante y ganas de fiesta, el relato apenas concede importancia a que a la Reserva Federal le quede algún ajuste por hacer: la economía sigue creando empleo y eso, se argumenta, es lo que importa. La ventana señalada para aprovecharlo va desde mayo hasta el verano siguiente, y el que avisa no es traidor.
El spread SPY/IWM y los niveles que vigilan los alcistas
El gráfico que sostiene la apuesta es el del diferencial entre el S&P y el Russell, que habría llegado al mismo punto que en marzo de 2020. A partir de ahí, la pequeña capitalización arrancó una rampa que culminó en una subida vertical de los valores más castigados.
En el IWM, el nivel de
189 se considera vital, con
195 como segunda referencia. La zona de lateral desde diciembre se interpreta como área de control donde los mínimos son sostenidos con volumen, mientras la última caída se habría producido sin negociación apreciable. El objetivo que se maneja en caso de ruptura es el hueco dejado entre
223 y 225. Sobre el papel, el índice salta disparado en cualquier momento.
Donde hay dinero hay relato. Quien esto firma ya acumula una cesta de nombres castigados: 500 títulos de FCEL, más STNE, UPST, TLRY o RIOT, con la idea de soltar las que exploten primero y rotar hacia las rezagadas. En el radar quedan Spotify y Palantir para cuando corrijan.
VCP, stages y otras formas de elegir el valor que va a subir
El método no es único. Hay quien compra lo que está en máximos y rompe bases con fuerza, apoyándose en la amplitud del mercado, que empieza a dar señales verdes. Y hay quien avisa del riesgo contrario: agarrar un cuchillo mientras cae suele acabar en herida.
Entre los sistemas citados aparecen el VCP y el análisis por fases de Mark Minervini, y los
stages de Stan Weinstein. La lectura con esos criterios es que varios valores habrían entrado ya en fase 2 mientras el Russell sigue en fase 1, construyendo suelo. Otro nombre puesto encima de la mesa, con barras de volumen verde y base estrecha, es TNYA, del que se reconoce no saber siquiera a qué se dedica.
El principal problema de la pequeña capitalización es que acierta quien acierta con el valor concreto. Comprar el índice resuelve la selección y renuncia al pelotazo.
El riesgo que el optimismo tapa: deuda y tipos altos
Frente al entusiasmo, un aviso recurrente: la bola de deuda de muchas compañías pequeñas es enorme, y si los tipos se mantienen en torno al
5% durante años, más de un balance terminará arrasado. Con dinero gratis las cuentas cuadraban solas; ahora hay que pagar. El consejo que se repite es el de los gigantes de cada sector, con caja y sin deuda.
La otra objeción es de fondo: que el Russell sea un gigantesco conjunto de compañías especulativas. Vender y esperar fuera no tiene por qué ser un error, porque en esto de invertir no hay obligación de batear. Un índice tiene miles de bolas a las que dar; no hace falta intentarlo con la primera que pasa.Lo que ya se ha ganado mientras se esperaba
Hay cuentas que enseñan resultados en plena espera. Un participante declara +17% en un mes de exposición al Russell, +23% en cinco días con STEM, +35% en cinco días con Priority Holdings y +36% en cinco días con Aurora Innovation, además de posiciones entre el +150% y el +200% en lo que va de año. Otro reparte un 18% de su cartera entre small caps rentables de buenos mercados.
No todo es alegría. Quien compró algo arriba antes de la última corrección admite que no la esperaba y que solo el equilibrio de otras posiciones más baratas mantiene el conjunto en pie. Un análisis de Greg Tuorto, de Goldman Sachs Asset Management, defendía un rebote significativo de la pequeña capitalización tras un año de desempeño muy deficiente; la acogida fue escéptica, con el argumento de que las firmas grandes suelen sacar pronósticos alcistas en zonas de máximos.Hasta dónde puede llegar según la tesis alcista
El escenario más ambicioso sitúa el impulso del IWM iniciado en noviembre de 2023 alargándose hasta finales de 2026, con un rango objetivo de 320 a 360. Se habla de un ciclo alcista de 17 años abierto en 2017, de un paralelismo entre el gráfico del bitcoin y el del Russell, y de apuestas a enero de 2027 y a los ejercicios 2027 y 2028 sobre el S&P. También de Paypal en vertical, después de que alguien dictaminara que no valía nada.
De por medio hubo una corrección, con el ETF apalancado sobre el Russell cayendo hasta la zona de 47 y una reentrada posterior para el medio plazo. La lectura dominante sigue siendo la misma: los retrocesos existen para sacarse de encima a los últimos en comprar, y el horizonte de quien escribe esto es de un par de años, no de una sesión. Powell y los datos de inflación son, en ese marco, ruido.
Con semejante acumulación de plazos —2026, 2027, 2028— lo único que de momento no ha fallado es el calendario.