El detenido de Ripoll: ni explosivos, ni balas, solo afición al airsoft
No hay armas de fuego en el caso del detenido de Ripoll. No hay explosivos. No hay fertilizantes. No hay ni una sola bala. Al menos, eso es lo que sostiene el propio afectado, que ha querido dejar su versión por escrito antes de que el asunto llegue a juicio. Frente a ese relato hay una causa abierta por presunta tenencia de armas prohibidas, iniciada en el País Vasco y derivada después al juzgado de su localidad, con un expediente que él describe como bastante desinflado.
Qué apareció y qué no en el registro de Ripoll
Según su versión, en el domicilio no apareció ninguno de los elementos que suelen acompañar a una operación de corte antiterrorista. Ni armas, ni explosivos, ni fertilizantes, ni componentes para fabricar bombas, ni munición. Lo que había era un taller que él mismo reduce a
una mesa y un estante con varios trastos, ninguno ilegal a su criterio.
Los cañones incautados, según su descripción, son de un diámetro incompatible con munición real. La mayoría son de aluminio, pensados para paintball o airsoft, o de grosor demasiado delgado. La foto de la que habla no muestra un arsenal: muestra una afición. Entre el material señalado, sostiene, pesó más lo relativo a autodefensa que el vídeo que autorizó la entrada. Compartía fragmentos del libro sobre preparacionismo y defensa personal que estaba escribiendo, y eso se marcó como peligroso.
Marcadoras de 24 julios: el debate técnico
El origen de todo, dice, fue un canal de YouTube sobre armas de aire que nunca llegó a arrancar. Había colgado pruebas de disparo y material para mejorar el gatillo y la fiabilidad de una
marcadora de paintball. Ese contenido, afirma, se interpretó como un tutorial para fabricar armas de fuego. En su carpeta de escritorio había, según él, tres episodios guionizados con humor y pruebas de tiro.
Ninguna de las réplicas daría más de
24 julios en las pruebas periciales, y asegura que disponía de cronógrafos para controlar que nada pasara del límite legal. La cifra, sin embargo, no es pacífica. Un análisis técnico señala que 24 julios es una barbaridad para airsoft, que exige modificaciones profundas y que difícilmente resiste la munición de baja masa sin destruirla. Incluso aceptando el dato, la discusión de fondo sigue viva.
Del cuartelillo al furgón con jaula: la detención hora a hora
El trato policial, dice, no fue malo. Pasó una tarde detenido en dependencias del cuartel, sin celdas, en conversaciones que describe como distendidas. Cuando los agentes comprobaron que no había nada de lo que buscaban, añade, estaban casi tan sorprendidos como él. Alguno, según su relato, se disculpó a título personal. Intentaron agilizar el papeleo para que durmiera en casa, pero no salió.
La noche fue otra cosa. Durmió en otra localidad que sí tenía celdas y a la mañana siguiente fue trasladado en un furgón con jaula individual. En el juzgado se negó a declarar y quedó en libertad hasta que se celebre el juicio. Lo que más lamenta, escribe, es el disgusto que se llevó la familia por Navidades.
Artículo 563 y delito de odio: los dos frentes legales
El primero es la tenencia de armas prohibidas. El artículo 563 del Código Penal castiga con prisión de
uno a tres años la tenencia de armas prohibidas y la de aquellas que resulten de una modificación sustancial de armas reglamentadas. La pregunta es si unas réplicas de aire comprimido, en caso de haber sido alteradas, encajan en ese tipo. Lo decidirá el tribunal.
El segundo frente es el delito de odio. Su versión es que el perfil machista y racista que se le atribuye se desmontaría si alguien leyera con calma sus escritos. Reconoce que, por su condición de Asperger, nunca ha tenido mucho sentido común, que ya pidió disculpas por si sus textos pudieron malinterpretarse y que borró el contenido por iniciativa propia.
El circo mediático y la respuesta de una redacción
Su queja central no es policial, es informativa. Sostiene que contactar con medios le salió contraproducente y que la cobertura ya tenía preparado el nuevo monstruo a vender: el del supuesto supremacista con impresora 3D. Cuenta que una redacción llegó a contestarle con un simple «OK». De todo el episodio saca una consecuencia práctica: se le han quitado las ganas de montar un canal de armas de aire.
Quién sostiene que todo esto es un montaje
No todos los que han seguido el asunto compran el relato. Hay quien sostiene que la historia encaja demasiado bien y que podría tratarse de una construcción interesada. Otros, en cambio, se apoyan en detalles que no suelen aparecer en un bulo: la ausencia de celdas en el primer cuartel, el furgón con jaula, la negativa a declarar y un juicio sin fecha. La discrepancia, por ahora, no se resolverá en internet.
Con la pericial pendiente y el juicio sin fecha, lo previsible es que el asunto se apague antes de aclararse del todo. Si la causa se archiva o termina en absolución, quedará por ver si alguien rectifica lo publicado.