Starlink quiere internet directo al móvil: ¿prevalece la promesa o la física?
El anuncio es demoledor: una sola cuenta de Starlink cubriría la antena doméstica, con Wi-Fi, y el teléfono móvil por satélite, sin intermediarios. El eslogan promete vídeo en alta definición en mitad del Kalahari, en el páramo, en cualquier rincón del planeta. Suena a utopía comercial; los cálculos de ingeniería la zarandean en seco.
El argumento físico no es menor. Un satélite orbitando a unos 20.000 kilómetros no puede replicar el modelo de las microceldas terrestres: ahí reside la clave. La red móvil funciona porque reutiliza las mismas bandas de frecuencia en celdas diminutas, multiplicando la capacidad. Un satélite que cubra todo un país no dispone de ese truco; y para usar frecuencias altísimas harían falta electrónica y amplificadores de potencia que los móviles actuales no llevan.
La promesa, con todo, tiene un filón económico evidente: la España vaciada. La cobertura actual es pésima en amplias zonas; quien contrate, podría llevar banda ancha donde nunca llegó. La pregunta es a qué precio. Si el coste se dispara, el eslogan se queda en vídeo promocional.
Queda la duda razonable: ¿será la primera gran batalla donde el marketing de una constelación de satélites se estrella contra el espectro radioeléctrico?