Stop Killing Games se estrella contra el lobby en Bruselas
La iniciativa ciudadana Stop Killing Games (SKG), que pretendía impedir que las empresas inutilicen videojuegos de pago cerrando sus servidores, ha recibido un portazo de la Comisión Europea. El lobby de la industria, con gigantes como Microsoft, Sony, Nintendo, Electronic Arts y Netflix en nómina, se ha salido con la suya.
El poder del lobby frente al consumidor
La lista de miembros de Video Games Europe habla sola: 20 grandes corporaciones que mueven miles de millones. SKG pedía que las empresas mantengan funcionales los juegos que venden como «compra», pero la Comisión respondió con vaguedades: «aplicaremos las normas existentes». Traducción: no tocar el modelo de negocio del alquiler disfrazado de propiedad.
La piratería como síntoma
Mientras tanto, según datos recogidos por The Guardian, las visitas globales a sitios pirata cayeron a 130.000 millones en 2020 y han repuntado hasta 216.000 millones en 2024. La gente no es tonta: cuando comprar no es poseer, piratear deja de sentirse como robo. Es la consecuencia lógica de un mercado donde pagas por acceso revocable.
El caso del Minecraft Story Mode, desaparecido tras el cierre de Telltale Games, es solo un ejemplo. Si un juego no se comercializa ni se permite su libre distribución, se pierde para siempre.
El comunicado que era humo
La Comisión optó por el postureo: «aplicaremos las normas existentes». Ya, como si la OCU fuera a demandar a Microsoft cuando cierre un servidor de un juego de 2010. El lobby ha hecho su trabajo: mantener el statu quo donde el consumidor paga por un producto que no posee. Y mientras, la piratería vuelve a crecer.