Pensiones: 200 euros más al mes y la deuda que lo paga
La subida de las
pensiones ha metido en los bolsillos de los jubilados españoles un dinero que, según cómo se mire, es una conquista social o una bomba de relojería. En un caso concreto que ha circulado estos días, un pensionista ha visto incrementada su nómina en
200 euros y su esposa en
130, lo que suma unos
4.000 euros más al año para una sola familia. La reacción inmediata de una parte de los perceptores es de satisfacción: «con las cosas del comer no se juega», resume el sentir de quienes defienden que las pensiones se han revalorizado para compensar la pérdida de poder adquisitivo.
El problema es de dónde sale ese dinero. La crítica más repetida no cuestiona la subida en sí, sino su financiación:
se paga con deuda, y esa deuda la acabarán afrontando las generaciones que hoy están cotizando. El debate no es nuevo, pero la magnitud del desembolso ha reabierto la brecha entre quienes ven en las pensiones un derecho irrenunciable y quienes advierten de que el sistema, tal como está diseñado, no aguanta.
Cuánto ha subido realmente la pensión media
Conviene poner cifras sobre la mesa porque la percepción varía mucho según el caso. La revalorización general aplicada ha sido del
2,7 %, un porcentaje que, aplicado sobre la pensión máxima de
3.359 euros brutos, arroja un incremento máximo de menos de
90 euros al mes. Es decir, que los 200 euros de subida que se citan en el caso concreto no son representativos del conjunto: responden a una pensión alta o a una situación particular que no se detalla.
Ahí está el primer malentendido. La pensión media en España ronda los
1.300 euros mensuales, una cifra que sitúa a los jubilados españoles lejos de la opulencia que algunos relatos sugieren. Sin embargo, la comparación con otros países europeos sí invita a la reflexión: se sostiene que España tiene un nivel de pensiones
similar al de Alemania pese a contar con salarios mucho más bajos. Ese desequilibrio entre lo que se cotiza y lo que se cobra es, precisamente, el núcleo del problema.
El agujero del sistema: 70.000 millones y subiendo
Los números que manejan los críticos son contundentes. Se habla de un agujero oculto de
70.000 millones de euros en el sistema de pensiones, resultado de sumar
61.000 millones en transferencias del Estado y un déficit adicional de
8.500 millones. La pregunta que sobrevuela es cuánto tiempo puede sostenerse ese ritmo antes de que la estructura se resquebraje.
La respuesta oficial, según quienes defienden la gestión actual, es que el Estado está en
récord de recaudación y que el sistema tiene margen. Los críticos replican que la recaudación récord no elimina el déficit estructural: simplemente lo disimula con más deuda. Y añaden un argumento que toca de lleno a los trabajadores en activo: mientras los jubilados ven subir sus nóminas, los salarios de quienes siguen cotizando crecen menos, lo que agranda la brecha entre generaciones.
Jubilados que cobran más que sus hijos trabajando
Hay un dato que descoloca a cualquiera que haga el ejercicio mental: los que se jubilaron hace cinco años cobran hoy más que sus compañeros que siguen en activo. No es una exageración, es la consecuencia de un sistema que revaloriza las pensiones por encima de lo que suben muchos salarios. Quien trabajó toda su vida y ahora descansa puede ingresar más que su propio hijo, que se levanta cada mañana para ir a trabajar.
Esa paradoja alimenta un malestar creciente entre los más jóvenes. Se argumenta que el Gobierno, que es también el mayor empleador del país a través del sector público, sube más el sueldo a sus jubilados que a los que siguen remando. La conclusión que extraen algunos es amarga:
sociedad sin futuro para sus jóvenes es sociedad muerta.
El contraargumento es igual de sólido: las pensiones no son un regalo, son un derecho consolidado tras décadas de cotización, y cuestionarlas es abrir la puerta a recortes que ya se intentaron en el pasado. Durante la etapa de
Rajoy, recuerdan algunos, las subidas fueron de
1 euro o
2,5 euros al año, mientras se repetía aquello de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades.
La vivienda, el otro frente que nadie discute
Mientras el foco está en las pensiones, hay un problema que afecta a todas las generaciones y que rara vez se pone encima de la mesa con la misma intensidad: el precio de la vivienda. Un trabajador joven hoy no puede permitirse comprar un piso ni, en muchos casos, un vehículo. La alternativa es alquilar una habitación y moverse en patinete o en metro. Esa es la realidad de una parte de la población que, además, espera meses para una prueba diagnóstica en la sanidad pública.
El contraste entre el discurso de la patria y las banderas y la vida cotidiana de quien no llega a fin de mes es el eje de buena parte del enfado. Se sostiene que la dignidad de un país no se mide en símbolos, sino en sueldos que permitan vivir, pensiones suficientes y servicios públicos que funcionen. Todo lo demás, vienen a decir, son cantos de sirena.
El MEI y la jubilación a los 67: lo que nadie quiere mirar
Hay cuestiones incómodas que quedan en segundo plano cuando se discute de pensiones. El
MEI (Mecanismo de Equidad Intergeneracional) es una de ellas: un impuesto que se aplica para sostener las jubilaciones pero que no genera ningún derecho adicional para el trabajador que lo paga. Es decir, se cotiza más para recibir lo mismo.
A eso se suma la elevación de la edad de jubilación a los
67 años y la comparación, cada vez más frecuente, entre las condiciones laborales de autónomos y funcionarios. Los primeros trabajan sin horario fijo, sin vacaciones garantizadas y con cotizaciones que a menudo no se corresponden con lo que luego cobrarán. Los segundos tienen estabilidad, horarios tasados y una pensión calculada sobre un sueldo fijo. La brecha entre ambos modelos es una de las razones por las que muchos trabajadores por cuenta propia se sienten abandonados.
El sistema de pensiones español es un equilibrio inestable entre derechos adquiridos, demografía adversa y una economía que no termina de generar salarios suficientes para sostenerlo. La subida de las pensiones ha dado aire a millones de jubilados, pero ha dejado al descubierto la pregunta que nadie quiere responder: quién pagará todo esto cuando los que hoy cotizan lleguen a la edad de jubilarse. Con estos mimbres, el cesto no está garantizado.