Sumar en rejilla: el método ABN que indigna a padres y docentes
¿Por qué un crío de siete años tarda más en resolver 36+45=81 que su padre en hacerlo de cabeza? La respuesta tiene forma de cuadrícula de tres por tres. Ese es el artefacto que tiene cabreados a un buen número de padres: se sientan con sus hijos a hacer deberes y no reconocen nada de lo que ven. Según los relatos que circulan por los foros, no es la excepción de un colegio concreto: un docente de secundaria se ha topado con él, en un caso con un alumno que venía de haber estudiado en Galicia, y hay quien sostiene que el invento llega de más lejos.
Qué es exactamente sumar en rejilla
El procedimiento descompone los números antes de sumarlos y reparte el trabajo en una matriz. Según la lectura que un forero hace de la cuadrícula, para 36+45 el 36 se abre en
30, 5 y 1: se añade el 45 al 30, luego el 5 y luego el 1. El 45, en cambio, se queda entero — ahí nadie toca nada, y eso mismo descoloca a quien mira el cuaderno por encima del hombro: si se descompone uno, ¿por qué no el otro? Una de las columnas del cuadro, la del 6 y el 1, resulta indescifrable sin las instrucciones del profesor, y ese es el detalle que hace saltar a los padres.
El resultado es el mismo. El camino se triplica en pasos.
El método tiene nombre, autor y doctrina
Se llama método ABN y su creador e impulsor es
Jaime Martínez Montero, maestro, licenciado en Filosofía y Letras, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, inspector de Educación y experto en didáctica de las matemáticas. Acumula más de una decena de libros publicados y diversas investigaciones sobre el asunto. Entre sus principios está el de igualdad: no existe un
gen matemático que unos alumnos tengan y otros no, y toda la sociedad sería capaz de alcanzar una competencia notable. Sobre el papel, suena razonable. En la mesa de la cocina, bastante menos.
De dónde viene: el Common Core estadounidense
Hay quien sitúa el origen al otro lado del Atlántico. La forma de sumar en cuadrícula se identifica con el método que se enseña en Estados Unidos dentro del
Common Core, planteado para que quien arrastra más dificultades se apañe sin memorizar. El ejemplo que se cita: convertir 6+5 en 1+5+5, es decir, en 1+10=11. Menos memoria y más descomposición. La consecuencia, avisan sus críticos, es que se enseña a resolver la excepción antes que la regla.
Los casos que no salen
Sus críticos señalan los casos en los que el método falla. Un profesor de secundaria se encontró a un alumno de 2º de la ESO que sumaba así: venía de haber estudiado en Galicia y, además de tardar más que sus compañeros,
se equivocaba en la mitad de las veces. Acabó pidiéndole que lo olvidara. En otra casa, una niña no da una cuando toca sumar tres números de más de dos cifras. Y quien lo ha probado sobre el papel lo resume igual: se tarda el doble que con el acarreo de toda la vida, el de
y me llevo una.
Quiénes defienden la rejilla
No todo el mundo lo ve como una aberración. Hay quien suma así mentalmente desde antes de que el método tuviera nombre: 36+45 se resuelve como 30+40+11, o como 30+40+10+1. Para cálculos simples, sostienen, es más rápido que el algoritmo clásico y sale solo con la práctica. La discusión de fondo, en cambio, es otra: si conviene que un niño memorice primero las tablas y las sumas básicas antes de aprender atajos, o si los atajos deben ser el punto de partida. La corriente crítica lo tiene claro: antes de correr hay que andar, y andar, en aritmética, es memorizar.
El daño colateral del cálculo mental
A la queja se le suma un argumento que va más allá del aula. Quien no ha interiorizado los números básicos sufre después: hay operarios incapaces de ajustar el
offset de un sensor lineal o de resolver mentalmente una regla de tres, y una camarera que no calcula el precio de varios cafés si falla la máquina. La escena que lo remata es doméstica: la entrada de adulto a una exposición de Lego costaba 2 euros y la infantil 1, y la taquillera sacó la calculadora para sumar 2+1. El crío se quedó mirando.
Con estos mimbres, lo lógico sería que la rejilla desapareciera de los colegios. Sigue ahí, con su cuadrícula, sus columnas indescifrables y sus defensores. Y mientras, el padre de al lado resuelve 36+45 de cabeza y no entiende nada.