Susanna Griso se casa a los 56: el novio desafía el protocolo con una guayabera y las redes estallan
La conocida presentadora de Antena 3, perteneciente a la saga Raventós de Codorníu, contrajo matrimonio este fin de semana. Pero la noticia no es su vestido blanco de novia, sino el atuendo de su marido: una guayabera arrugada que ha desatado las burlas en internet. ¿Un gesto de rebeldía o simple desinterés? Detrás del cotilleo hay una boda que une dos mundos: el mediático y el inmobiliario.
El patrimonio de la novia: Codorníu y la tele
Susanna Griso, de 56 años, no es solo una cara conocida. Es miembro de la familia Raventós, propietaria del grupo Codorníu, uno de los mayores productores de cava de España. Su patrimonio personal, sumado a sus años como conductora de 'Espejo Público', la sitúa en la cúspide económica del periodismo español. Ella misma ha declarado en alguna ocasión que su apellido le ha abierto puertas, pero su carrera habla por sí sola. En la boda, lució un traje blanco de alta costura, como mandan los cánones. Su novio, en cambio, optó por una camisa de lino sin planchar y sin corbata.
El negocio del novio: locales y consultoría
Poco se sabe del afortunado, pero los datos que trascienden apuntan a un perfil empresarial. Según fuentes de la comunidad de análisis económico, el novio se dedica a la compra de locales comerciales y a la consultoría de agenda —un sector que algunos definen como «henpresaurios de provincias» y otros como «consultores guays que subcontratan a mileuristas». La diferencia de vestimenta no es solo estética: refleja dos formas de entender el dinero y la imagen. Mientras ella representa la tradición vitivinícola y la televisión mainstream, él parece venir del mundo de los negocios poco ostentosos.
La guayabera: ¿provocación o comodidad?
La guayabera es una prenda de etiqueta en ciertos contextos caribeños, pero en una boda española de alto nivel suele verse como un exceso de confianza. Los comentarios en redes no perdonaron: «parece que va a comprar el pan», «la arrugó durmiendo». Sin embargo, algunos defensores apuntan que a los 56 años uno se casa como quiere, y que el traje de gala es una reliquia del pasado. La imagen de la pareja —ella de princesa, él de paseo— se ha convertido en meme, pero también en termómetro de las nuevas normas sociales.
Las cuentas detrás del banquete
Más allá del vestuario, la boda tiene implicaciones patrimoniales. La unión de Griso con un hombre vinculado al ladrillo y la consultoría podría reordenar sus inversiones. Algunos analistas señalan que él «compra locales» y ella invierte en medios. La presencia de Luis Enríquez, presidente de Uteca, entre los invitados (según apuntan fuentes de la industria) subraya el peso del sector audiovisual en el enlace. ¿Se avecina una fusión de capitales?
¿Una boda para reír o para reflexionar?
En un país donde las bodas mediáticas suelen ser puro artificio, la de Susanna Griso ha destapado un debate real: ¿cuánto protocolo exige el matrimonio a ciertas edades? ¿Por qué ella debe ir de blanco inmaculado y él puede permitirse el descuido? La respuesta quizá esté en sus cuentas corrientes. Mientras ella mantiene el tipo de la aristocracia del cava, él se permite el lujo de la indiferencia. Al fin y al cabo, cuando ya no hay que impresionar a nadie, uno puede casarse incluso con la ropa del día anterior.
La pregunta queda en el aire: ¿es esta boda el inicio de una nueva era de sobriedad en las celebrities o el simple reflejo de que el dinero viejo y el nuevo no entienden de moda?