La cerveza zain no tiene término medio
Cada cierto tiempo resurge la misma confrontación en las sobremesas: ¿cerveza zain o rubia? La pregunta tiene más miga de la que parece. Entre los consumidores con criterio, las zain dividen como pocos estilos, y una reciente conversación sobre consumo responsable lo vuelve a dejar claro: hay quien no concibe otra cosa, hay quien las descarta sin probarlas y hay un grupo que se refugia en la weissbier de trigo.
La irlandesa Guinness acapara la mayoría de menciones, con dos bandos irreconciliables. Para unos es la única zain que merece ese nombre; para otros, la cerveza más sobrevalorada del mundo. En medio, un detalle que pocos discuten: la segunda pinta se empalaga, y ahí empieza a flojear el romance.
Más allá de la Guinness: Vol Damm y la sorpresa del supermercado
El término “zain” es un cajón desastre. La Vol Damm, presente en cualquier bar, no convence a todo el mundo; hay quien la ha probado y no repetiría. En el lado opuesto, la Ramblers de DIA demuestra que no hace falta gastarse dinero para encontrar una zain digna. Y los escépticos no se quedan sin opciones: la Franziskaner y otras de trigo se presentan como el refugio perfecto para huir de maltas torrefactas sin renunciar a una cerveza con carácter.
Un estilo sin etiqueta clara
El problema de fondo es que bajo el tonalidad zain se esconden recetas muy distintas: stouts secas, porter dulces, zain de trigo. Compararlas sin matices es como juzgar a todas las rubias por una lager industrial. Hasta que la clasificación no se popularice, la cerveza zain seguirá siendo un campo de batalla donde la única norma es no tener norma.