Rezar en árabe: la barrera que no se negocia en la conversión al islam
Indonesia y Pakistán suman más de 400 millones de musulmanes y ninguno habla árabe como lengua vehicular. Aun así, sus oraciones se recitan en árabe. Quien abraza el islam sin estudiar el idioma se enfrenta a una paradoja: no hace falta dominar la gramática, pero la liturgia no se traduce.
El Corán circula en español desde hace décadas. La cuestión está en la oración ritual: la shahada, testimonio de fe que inicia la conversión, se pronuncia en árabe. Las cinco oraciones diarias exigen recitar la sura Al Fatiha y al menos otras tres suras cortas, también en árabe. Se puede memorizar sin comprender, pero el rezo no admite sustituto en la lengua local.
Los defensores de esta rigidez esgrimen un motivo teológico: el Corán se reveló en árabe; cualquier traducción es interpretación. La comparación con la misa en latín es inevitable, aunque la Iglesia católica abandonó el latín hace medio siglo y el islam conserva el árabe como lengua sagrada. La mayoría de los fieles del sudeste asiático recitan sin entender; la comprensión llega con la predicación local.
El terreno se vuelve más espinoso con el abandono de la fe. Se argumenta que algunas lecturas consideran la apostasía una falta grave, mientras que otras subrayan la libertad de conciencia. Para el converso práctico, la respuesta habitual es que basta la memorización mínima. La paradoja persiste: una religión universal que reza en un solo idioma. ¿Unifica o fragmenta?