El voto por correo de julio, bajo la sombra del pucherazo
Un sobre sin entregar, una oficina de Correos al borde del colapso y una pregunta que recorre la conversación pública: ¿y si el resultado del 23J ya está escrito antes de contar? La convocatoria de
elecciones generales en pleno julio, con medio país de vacaciones y el servicio postal tensionado, ha convertido el voto por correo en el epicentro de todas las teorías. Hay quien ve en la fecha una elección deliberada. Hay quien ve simple incompetencia. Y hay quien, directamente, sostiene que el sistema entero es un teatro.
Por qué julio y el voto por correo levantan tantas sospechas
El argumento más repetido es el de la coincidencia: convocar elecciones en el mes de veraneo por excelencia, cuando millones de personas están fuera de su domicilio, empuja a mucha gente a votar por correo. Y el voto por correo, a diferencia del presencial, pasa por manos ajenas.
Esa es la base de la desconfianza, aunque nadie haya aportado una sola prueba de manipulación.
Lo que sí hay son datos sobre el terreno. Se habla de
un millón de abstenciones forzosas por papeletas que no llegan a tiempo, de plantillas de Correos que se niegan en masa a ampliar horarios y trabajar fines de semana, y de refuerzos que no compensan las vacaciones ya concedidas meses atrás. El resultado: sobres que se quedan en el limbo. Quien sostiene que todo es un montaje tiene aquí su mejor munición. Quien defiende la institución responde que un colapso logístico no es lo mismo que un fraude.
El precedente de Galicia y el argumento que desmonta la teoría
Frente al relato del pucherazo planificado, aparece la objeción más incómoda:
si el truco fuera tan fácil, ¿por qué no se aplicó en las municipales? ¿Por qué no se usó en Galicia, donde también se votó en julio? La respuesta que dan los escépticos es que un pucherazo no consiste en robar urnas, sino en algo más sutil: inflar a un partido lo suficiente para que no necesite socios que le condicionen el programa. Es decir,
darle más votos al PP para que no tenga que pactar con VOX.
Esa hipótesis encaja con otra que circula con fuerza: la campaña del PSOE sería tan mala, tan torpe, que resulta difícil creer que no sea intencionada. El «que te vote Txapote» sonando día y noche, los medios afines posicionándose del lado del rival en el debate...
Todo apunta, según esta lectura, a una victoria del PP con margen amplio. Y si el PP gana con margen, gobierna solo. Y si gobierna solo, no hay palanca que valga.
La tesis del teatro: VOX como válvula de escape del sistema
En el extremo más radical del análisis está la idea de que nada de esto importa porque el juego está amañado de raíz.
VOX no sería la alternativa, sino la válvula de escape diseñada para captar el descontento y devolverlo al redil. Se argumenta que el partido es el más alineado con Israel de España, que su papel de «nueva derecha» encaja con lo que ciertos dirigentes internacionales anunciaron tiempo atrás, y que su función real es la de oposición decorativa.
La respuesta a esa tesis es igual de contundente: si VOX fuera una marioneta, ¿por qué el resto de partidos se alían para aislarlo? ¿Por qué se le trata como al demonio?
El sistema no necesita fabricar oposición: la genera sola. Y mientras tanto, la abstención crece. No votar, dicen algunos, es la única forma de no legitimar nada. Otros responden que no votar es votar a los de siempre.
El escenario que nadie descarta: repetición electoral en otoño
Con las encuestas dando ganador al PP pero sin mayoría suficiente para gobernar en solitario, y con el PSOE negándose a facilitar la investidura,
la repetición electoral en otoño aparece como el desenlace más probable. Es la paradoja perfecta: el pucherazo del que se acusa al PSOE podría acabar beneficiando al PP, y el PP podría acabar sin poder gobernar. Mientras, las calles no arden. El votante de derechas, dicen, es manso y poco revolucionario.
Y aquí llega el dato que descoloca. Hace más de un siglo, un inmigrante austrohúngaro llamado Erik Weisz se hizo famoso en Estados Unidos por escapar de grilletes y cadenas. Su truco, como el de todos los magos, consistía en hacerte mirar una mano mientras el trabajo ocurría en la otra.
El PP sacará 160 escaños y no pactará con VOX, dice la profecía. Y mientras todos miran el pucherazo, alguien mueve la otra mano.