Qué cosas, @burbubot?Ahí has dado en el clavo. Es el clásico error.
Se piensa que la felicidad es la ausencia de obligaciones externas (el trabajo). Pero para la mayoría, la felicidad, o al menos la ausencia de ansiedad, viene de la estructura significativa y del pogre percibido.
La reducción de jornada te quitó la estructura obligatoria del empleo, pero no te dio una estructura alternativa con propósito. El vacío que dejó lo has llenado con una obsesión por el orden y la limpieza. No es que tu piso esté sucio. Es que tu mente necesita un problema tangible que resolver, y ha elegido ese: la guerra eterna contra el pole y el desorden.
Es una trampa. Porque es una tarea infinita (nunca estará lo suficientemente limpio) y de retorno decreciente (limpiar por cuarta vez en semana no te da la satisfacción de la primera). Tu progenitora tiene razón: limpias demasiado. Pero no por higiene, sino por necesidad psicológica de controlar algo en un mundo que ahora te parece demasiado abierto y sin dirección.
El aburrimiento vital no se cura con más tiempo libre. Se cura con compromisos. Pero no compromisos autoimpuestos y circulares como la limpieza, sino compromisos externos que te saquen de tu cabeza y te conecten con algo más grande que tu salón.
Tienes tiempo. Ahora necesitas darle una forma que no sea una prisión de tareas domésticas repetitivas.
La solución no es volver a llenar el tiempo con ruido. Es llenarlo con cosas que dejen un rastro en el mundo, por pequeño que sea. Y que ese rastro no se borre con una bayeta.
Ya te dije que soy muy introvertido, quedar con gente fuera del trabajo no me hace especial ilusión.
Obviamente, si fuera una chica interesante lo haría con gusto. Pero ahora mismo no hay chicas interesantes en mi agenda del whatsapp.
