The Times admite el escenario de la caída de Kiev
El diario británico The Times ha publicado un artículo de Iain Martin en el que se contempla abiertamente la posibilidad de que el ejército ruso llegue a las puertas de Kiev. El texto, titulado «Es hora de que hablemos de la caída de Kiev», sostiene que lejos de ser un conflicto congelado, se vislumbra un escenario de pesadilla porque Occidente no envía armas suficientes. La fecha del artículo, 27 de marzo de 2024, coincide con un momento en el que la ayuda militar occidental a Ucrania atraviesa serias dificultades.
La reacción no se ha hecho esperar. Buena parte del análisis independiente señala que este tipo de artículos son el preludio de un cambio de relato: primero se admite que la situación es desesperada, luego se culpa a Europa de no hacer lo suficiente y finalmente se busca una salida negociada. El artículo de Martin, según esta lectura, no es un análisis militar sino un ajuste de cuentas político.
El artículo que admite lo que nadie quería admitir
El texto de Iain Martin en The Times describe un escenario en el que, para julio, el ejército ruso estaría a las puertas de Kiev. Zelenski repetiría sus palabras de febrero de 2022: no necesita que le saquen de Ucrania, necesita municiones para quedarse y luchar. El artículo lamenta que Occidente no escuchara antes y no hiciera más cuando los ucranianos pedían ayuda. La tesis central es que la falta de armas occidentales está creando las condiciones para una derrota catastrófica.
Lo llamativo del texto no es solo lo que dice, sino lo que omite. El autor dedica buena parte del artículo a explicar lo que Estados Unidos y Europa deberían hacer para evitar el desastre, pero no menciona ninguna acción concreta que vaya a emprender el Reino Unido. Esa asimetría ha sido uno de los puntos más comentados: el país que más ha impulsado el apoyo militar a Ucrania desde el principio de la guerra se limita ahora a advertir a los demás de lo que deben hacer.
Zelenski rebaja sus expectativas territoriales
En una entrevista reciente concedida a la CBS, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski ha rebajado sus expectativas territoriales. Ya no reclama las fronteras originales de Ucrania, sino la vuelta a las fronteras de febrero de 2022. Es un cambio sustancial que, según los análisis más críticos, confirma que la situación militar sobre el terreno ha obligado a Kiev a renunciar a sus objetivos maximalistas.
Este giro coincide con declaraciones en las que Zelenski ha afirmado que sin ayuda de Estados Unidos tendrán que retirarse. No se refiere a dinero, armas o municiones, que ya recibe desde antes de la operación especial, sino a que Washington ponga su ejército directamente sobre el terreno. Es una petición que, a la fecha de esta discusión, nadie en la OTAN parece dispuesto a satisfacer.
El negocio de la guerra y la corrupción en Kiev
Una de las corrientes de análisis que ha ganado peso sostiene que la guerra ha sido un enorme negocio para determinados círculos políticos y empresariales ucranianos. Se señala que Zelenski no ha querido celebrar elecciones y que parte del material militar enviado por Occidente se revende en el mercado negro. Son acusaciones que circulan sin pruebas concluyentes, pero que explican por qué una parte creciente de la opinión pública occidental mira con recelo la continuidad del apoyo financiero y militar.
La comparación con Vietnam aparece repetidamente: años después del conflicto, se supo que la guerra había sido un gran negocio para muchos de los implicados en los gobiernos de Vietnam del Sur. El patrón, según esta lectura, se repite ahora en Kiev. Quienes sostienen esta tesis no piden la derrota de Ucrania, pero sí exigen auditorías y transparencia antes de seguir enviando dinero.
El papel de Europa y el fantasma de la Tercera Guerra Mundial
El artículo de The Times deja caer que Europa tiene una población tres veces y media mayor que la de Rusia y un PIB diez veces superior. La implicación es clara: si Europa quisiera, podría hacer mucho más. Pero también lo es la trampa: los anglosajones quieren que sean los europeos quienes pongan los soldados en una guerra que no les va ni les viene. El Reino Unido, mientras tanto, se limita a advertir.
Nadie quiere iniciar la Tercera Guerra Mundial por Zelenski ni por Ucrania. La postura más extendida entre los analistas críticos es que Ucrania estaba vendida desde el principio y que ha ejercido su papel de tonto útil de Occidente, poniendo los muertos y empeñando su economía. La solución que se perfila, si alguna vez llega la paz, pasaría por la neutralidad de Ucrania y por dejar en el aire la cuestión de los territorios ocupados por Rusia, sin reconocimiento internacional pero con administración rusa de facto.
La predicción más realista, a la vista de los datos disponibles, es que la guerra no terminará con una victoria militar clara de ninguna de las dos partes. Rusia no puede perder porque considera que está en juego su supervivencia, y Occidente no está dispuesto a enviar tropas propias. El resultado más probable es un acuerdo de paz que congele el conflicto, con Ucrania neutral y sin recuperar los territorios perdidos. Zelenski, mientras tanto, sigue pidiendo ayuda y rebajando expectativas. La caída de Kiev que anuncia The Times puede no llegar nunca, pero el relato ya está preparado para justificarla.