La conspiración del cuartel: ¿puede un general levantarse en armas?
Circulan rumores sobre una posible movilización del ejército y crece el runrún en círculos descontentos: la idea de que algún alto mando dé un golpe de timón. Pero, ¿hay base real para esa esperanza o es pura literatura de taberna?
El análisis de las posturas enfrentadas dibuja un panorama desolador para los que sueñan con una sublevación. Por un lado, está quien cree que la situación está tan deteriorada que la intervención militar es la única salida. Se menciona incluso a un general retirado como hipotético líder. Por otro lado, los escépticos argumentan que los mandos actuales son, ante todo, funcionarios: les preocupa más la paga y la jubilación que la integridad territorial. La cúpula ha sido cuidadosamente seleccionada entre los más dóciles, y ningún oficial en activo arriesgará su estatus por una quimera.
Hay quien recuerda que el ejército ya no es el de antaño: los valores castrenses han sido sustituidos por la cultura de la función pública. Y aunque algunos apunten a movilizaciones recientes, la lectura dominante es que se trata de maniobras rutinarias, no de un preludio golpista. La conclusión, por ahora, es que el levantamiento de un general pertenece más al deseo que a la probabilidad. El análisis se atasca en la misma pregunta: si la situación se deteriora aún más, ¿habrá alguien dispuesto a dar el paso o todo se quedará en un brindis al sol?