Un forero rebaja el tono apocalíptico: es el fin del verano
Arranca con la corrección numérica y sigue la deriva. Entre el 17 y el 18 de septiembre, el hilo pasa de la queja general a discutir cuánto ha subido de verdad el oro, qué sectores se salvan y si todo esto es una crisis o simplemente el bajón de volver a la rutina. Alguien lanza la cifra: el oro está
un 30% por debajo de su máximo. Otro contesta que nunca pasa nada. Y un tercero suelta que, si hay que huir, sigue sin saber a qué país.
Qué se ha sabido
El dato más concreto del tramo lo pone un forero que coloca dónde estaría el oro: máximo de
5.600 dólares, cotización actual en
4.300 y pico, y lo acompaña de un «si no me equivoco». Es decir, según ese cálculo, estaría un
30% por debajo del techo. Otro mensaje insiste en la misma idea con otra vuelta: no hay nada en máximos porque mañana estará más caro.
Fuera de las cifras, el tramo deja estampas. Un forero cuenta que este verano las playas estaban llenas y los mojitos agotados, y aprovecha para decir que la preocupación no se notó en la calle. Otro suelta que ya se inventarán otra gripe rara para resetear el sistema, una sospecha que no viene acompañada de ninguna prueba. Y alguien cuelga una imagen en el hilo:
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encrypted-tbn0.gstatic.comDónde está la bronca
La pelea no es por el precio del oro. Es por el tono. Un participante sostiene que no va a pasar nada, que nunca pasa nada, al menos de golpe, y que lo único que está ocurriendo es el final del verano: el sentimiento agorero y depresivo de volver de vacaciones a la rutina. Frente a eso, el resto del hilo sigue con el escenario de fondo.
El choque se ve también en la inversión. Uno defiende que siempre hay empresas que estarán en verde y que el talento está en descubrirlas. Otro le pregunta cuáles. Y el primero admite:
«No he dicho que yo lo tenga». A partir de ahí, varios intentan responder por él. Uno apunta a oro y cobre, y añade que en crisis también tiran las empresas de empeños y, en Oriente Próximo, las petroleras. Otro lo tiene más claro y apunta a las armas, a las empresas de la guerra.
Y está el frente que ya se conoce. Un mensaje responsabiliza a la inmigración de que encontrar un metro cuadrado de césped sin pisar en un parque sea una aventura. Otro va más lejos con un escenario de dos millones más y la idea de mantenerlos con más impuestos, y dibuja un Mad Max en el que el lujo consiste en pillar sitio en un banco del parque o un asiento en el metro. Hay también quien anima a echarse al monte, sin más desarrollo.
En medio, un mensaje que rebaja: comer todos los días, que no te duela nada y tener un techo. Y otro que habla de una consulta médica o una cama de hospital y concluye que somos ciudadanos de segunda. Un tercero responde con un «pues sí».
Qué cambia respecto a antes
Que la corrección sobre el oro ya no es una frase suelta: ahora tiene números. Y que entra un frente nuevo, el del calendario. El final del verano se cuela como explicación del pesimismo general. También aparece otro asunto que no es económico: a dónde irse. La pregunta la deja uno abierta y sin respuesta, y baraja Canadá, Irlanda, Rusia o Australia. Nadie del hilo se lo resuelve.
Lo que queda sin responder
Tres preguntas se acumulan sin contestación en el tramo. Qué empresas concretas están en verde, cuando el propio autor de la frase admite que no las conoce. Cuándo vuelve la normalidad, donde alguien espera que llegue tras un cambio político en noviembre, aunque avisa de que tardará muchos años. Y a qué país emigrar. La única previsión que se repite con cierta confianza en el hilo es la de que esto no se arregla de golpe.