Los fondos no siempre pierden: las comisiones deciden quién gana
Se puede ganar dinero con un fondo de inversión. También se puede mantener uno trece años, verlo subir y quedarse con menos de un tercio de lo que habría dado sin comisiones. Las dos cosas caben en el mismo producto, y ahí está el nudo: un vehículo que cobra cada año por gestionar el ahorro ajeno, acierte o falle. La pregunta que ordena el asunto no es si los fondos son un timo, sino cuánta rentabilidad se queda por el camino.
La cifra que resume el problema: alrededor de un
1,5% anual de comisión en un fondo frente al 0,25% de un ETF que se limita a replicar un índice. Seis veces menos coste para el mismo mercado. Sobre mil euros parece calderilla; sobre seis cifras y veinte años, es la diferencia entre un plan y un malentendido.
¿Cuánto cobra un fondo de inversión y cuánto un ETF?
El abanico de comisiones es enorme. En el extremo caro, los fondos propios de un banco comercial llegan al 2% y lo superan; en el barato, un indexado al S&P 500 ronda el 0,1%. Entre medias, un indexado global al MSCI World comercializado por una entidad española se queda en el 0,4% o 0,45%, que para ser producto de banco no está nada mal.
La defensa de la comisión alta es siempre la misma:
que hay alguien detrás tomando decisiones. El problema, según lo resume un participante, es que esa gestión activa existe en buena medida para justificar el propio recibo. Los ETF replican índices con una fracción del coste y, en la experiencia de varios foreros, los buenos fondos activos no han sido capaces de batirlos.
El 90% de los fondos no bate a su índice
La cifra que repiten varios participantes es tozuda: alrededor del
90% de los fondos no consigue batir a su índice de referencia en periodos relevantes, y cuanto más largo es el plazo, menos gestores sobreviven a la comparación. La gestión activa gana en tramos cortos y se va desangrando en el largo.
Hay una objeción que se usa como escudo y que se vuelve en contra: la minoría que sí bate al mercado, que existe. Un gestor puede superar a su índice durante años, y eso es un hecho. Lo que no se sabe es si lo repetirá. De 5.000 fondos, quedarse con los diez mejores del último lustro da resultados magníficos aunque todos hubieran invertido al azar; el detalle incómodo es que los diez mejores de hace cinco años no son los de hoy. Casi nunca lo son.
«Gané un 6%; sin comisiones habría sido un 20%»
Un caso concreto vale más que tres informes. Un inversor relata que ganó un
6% con un fondo que mantuvo trece años y calcula que, sin comisiones, la cifra habría rondado el 20%. Otra lectura del dato pone el foco en el coste de oportunidad: un 6% anualizado es un resultado razonable frente al 8% de retorno medio histórico del S&P 500 desde 1950, aunque acumulado durante trece años sea otra cosa.
Conviene detenerse en el malentendido, porque recorre medio asunto. Un 6% anual compuesto es un rendimiento digno; un 6% total repartido en trece años no cubre ni la inflación. La misma cifra significa cosas opuestas según la unidad en la que se mida.
Indexados de banca comercial: Amundi, Vanguard y los mínimos
La
banca tradicional ha ido abriendo la puerta a productos de bajo coste, con condiciones dispares. Un indexado al S&P 500 de Vanguard distribuido por una entidad española se queda en el 0,1% y admite aportaciones de cualquier importe. El indexado global al MSCI World exige una aportación mínima de 600 euros; su competidor directo en otra plataforma pide
100 euros la primera vez y 50 las siguientes, y hay productos con mínimo de 200 euros.
Hasta 2019, ese Vanguard al S&P 500 estaba reservado a clientes de banca privada, con más de 500.000 euros de patrimonio. Después se abrió a todos los clientes. El detalle explica mucho: el producto barato existe desde hace años; lo que cambia es a quién se le permite comprarlo.
Renta fija y bonos ligados a la inflación: la trampa del precio
No todo es renta variable. Los bonos del Tesoro estadounidense ligados a la inflación, comercializados vía ETF, se plantean como opción interesante según qué escenarios. El punto técnico que se discute es en qué dirección se mueve su precio: hay quien sostiene que un bono comprado en el mercado secundario sube cuando la inflación sube, y hay quien responde que es justo al contrario, que el precio cae cuando suben los tipos.
La discrepancia queda abierta, y no es menor para quien compra pensando en la dirección equivocada. Un forero critica además los fondos de renta fija que mantienen los bonos hasta vencimiento en un entorno de tipos en cero o negativos.
Por qué unos pocos fondos sí baten al mercado
Existe una minoría que sí lo consigue y negarla sería un error. Como apunta otro participante, los fondos de banca privada, pensados para patrimonios altos, son otra cosa. Para el pequeño inversor, la alternativa que se repite es la gestión indexada: reglas públicas, coste bajo y cero caja negra en la estrategia.
La gestión activa arrastra además un problema de incentivos que no se arregla con buenas intenciones. Los ejemplos que se citan —fondos de small caps europeas usados para diversificar— funcionan cuando funcionan, y nadie firma que el próximo lustro repitan.
Con esta estructura de costes, el debate de fondo sigue abierto: si esa minoría de gestores que bate al mercado seguirá existiendo o acabará siendo el último reducto de un negocio que ya se paga solo. Las comisiones, en cualquier caso, se cobran igual.