El Tófet de Ben-Hinón: los sacrificios de niños que la Biblia no oculta
En el valle de Ben-Hinón, al sur de Jerusalén, existió un lugar llamado Tófet. Según el relato bíblico, allí algunos reyes de Judá hicieron «pasar por el fuego» a sus propios hijos como ofrenda al dios Moloc. Lo que durante décadas se despachó como metáfora moral ha vuelto al centro de la investigación histórica: los textos hebreos, las fuentes griegas y los huesos calcinados de Cartago describen un mismo tipo de ritual, y ninguno permite cerrar el caso.
Qué era el Tófet y por qué su nombre acabó significando infierno
El Tófet era un recinto de sacrificios situado en el valle de Ben-Hinón, hoy conocido como Wadi er-Rababi, en las afueras de la antigua Jerusalén. Las crónicas bíblicas lo vinculan a rituales paganos y a la quema de niños ante Moloc. Tras ser declarado impuro, el barranco terminó usándose como vertedero de la ciudad, donde ardía basura de forma continua. De esa imagen —fuego permanente, olor, desechos, niños quemados— nace la palabra Gehena, que el cristianismo convertiría en sinónimo del infierno.
Acaz y Manasés: lo que dicen los versículos
El segundo libro de Reyes atribuye a Acaz haber «hecho pasar por el fuego a su hijo, según las abominaciones de las naciones». Crónicas redobla la acusación: «quemó incienso en el valle de Ben-Hinón y quemó a sus hijos en el fuego». Manasés recibe el mismo reproche en ambos libros. La fórmula es idéntica y reiterada, lo que unos leen como prueba de una práctica extendida y otros como un cliché literario destinado a desacreditar reyes impíos.
Cartago, el otro escenario: 6.000 metros cuadrados de urnas
El yacimiento más conocido está a miles de kilómetros. El tófet de Cartago —un recinto de unos 6.000 metros cuadrados, en uso aproximadamente desde el 800-750 a.C. hasta después de la destrucción romana de 146 a.C.— ha devuelto miles de urnas y estelas votivas. Diodoro Sículo, escribiendo a finales del siglo I a.C., narra sacrificios infantiles durante el asedio de Agatocles (hacia 310 a.C.) y la campaña de Himilcón en Sicilia (hacia 406 a.C.). Los griegos identificaron al Cronos púnico con Baal Hammon; los romanos, con Saturno.
¿Niños vivos o cementerio infantil? La grieta que no se cierra
Aquí empieza la pelea. Una corriente sostiene que buena parte de los huesos analizados en Cartago corresponden a fetos, abortos y nacidos muertos —hasta un 80% del material— y que el tófet sería en realidad un cementerio infantil en una época de mortalidad brutal, superior al 50% en el primer año de vida. La réplica se apoya en las inscripciones votivas halladas en los enterramientos y en el inventario de yacimientos púnicos con tófet: hasta once además de Cartago, de Motya a Sulcis, Tharros, Nora, Monte Sirai, Cagliari o Hadrumetum, que dejan de usarse al caer bajo dominio romano. El listado completo y las dataciones de cada recinto son, en sí mismos, un documento incómodo para cualquier versión simplificada.
Hay quien añade un tercer argumento: que las fuentes clásicas son propaganda hostil y que griegos y romanos ya inventaban atrocidades sobre sus enemigos. En contra pesa que tres tradiciones distintas —hebrea, griega y romana— describen el mismo tipo de rito.
El detalle sangriento sigue sin resolverse: no hay acuerdo sobre si los niños estaban vivos al arder. Los restos dicen que hubo cremación infantil. No dicen si hubo sacrificio.