Zelenski se abre a la neutralidad que Ucrania rechazó en 2022
Según sostiene un participante del debate, el portavoz de Volodímir Zelenski ha declarado en la televisión pública alemana ARD que Ucrania está dispuesta a hablar de neutralidad. Ya no sería un bulo: lo habría dicho en un medio occidental de primer nivel, y la frase, en esa lectura, certificaría que la negociación va bastante más allá de lo que se reconoce en público. Entre «dispuesta a hablar» y «firmado» queda un país destrozado, tres años y medio de guerra y un paquete de condiciones que empeora cada trimestre para Kiev. Lo que viene no es el final de nada. Es el reconocimiento tardío de un resultado que estaba escrito desde el primer mes.
El preacuerdo que Estambul dejó en el aire
Según se relata en el debate, en Estambul,
apenas 15 días después del inicio de la invasión, las delegaciones llegaron a un preacuerdo: reconocimiento de Crimea como parte de Rusia, neutralidad de Ucrania y reconocimiento de las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk. Ucrania no lo firmó. La versión que sostiene una parte del análisis es que fueron Europa y Estados Unidos quienes lo impidieron por escrito. Tres años y medio después, el paquete que se ofrece a Kiev es peor en todos los puntos, con la economía por los suelos y sin margen de maniobra. Sobre la mesa aparecen ahora también los oblasts de Jersón y Zaporizhzhia. La pregunta que nadie quiere contestar en voz alta es cuántas muertes se habrían evitado entonces.
¿Por qué la expulsión de Rusia de SWIFT no ha funcionado?
Según se sostiene en el debate, se vendió como el arma económica definitiva y no lo fue.
Rusia ha seguido comerciando, y varios países ya han desarrollado planes de contingencia por si algún día les toca a ellos. El castigo genera problemas, se argumenta, pero son superables: la prueba es que Moscú no se ha plegado. Y el daño colateral resulta ser el peor imaginable. Forzar a Rusia a buscar cobijo ha empujado al mayor territorio con materias primas del planeta a cerrar filas con la mayor potencia industrial. Esa alianza no se deshace con un comunicado de condena.
El coste europeo: sin ejército propio y con la factura pendiente
Europa ha asistido a todo esto sin fuerzas armadas propias con capacidad de imponer nada y, por tanto, sin margen real para frenar la escalada cuando aún se podía. El argumento que circula es que, con una defensa común sólida y financiada a tiempo, el continente no sería hoy
por defecto el lacayo de Washington. Ahora llega la parte aburrida: reconstrucción de un país arrasado, energía más cara, gasto militar al alza y una factura política que se cobrará durante años. Estados Unidos se sienta a negociar; la Unión Europea, a pagar.
Quién gana y qué pierde Ucrania
En la lectura que se defiende en el debate, con acuerdo o sin él, Rusia se queda con lo que fue a buscar, y
Estados Unidos obtendría el control económico de Ucrania a un coste irrisorio. Los recursos naturales del país, bajo esta lectura, acabarían en manos estadounidenses, con Moscú de vuelta al concierto internacional como si nada hubiera pasado. Se describe un reparto por tercios y ninguno favorece a Kiev: una parte del territorio bajo control ruso, otra adjudicada por vía registral a grandes corporaciones y la restante arruinada. Según otro participante, Ucrania pierde más del 20% de su superficie y más de tres millones de sus antiguos ciudadanos pasan a tener pasaporte de la Federación Rusa.
¿Fue España neutral en la guerra de Ucrania?
Depende de dónde se ponga la raya. No hubo declaración de guerra ni fuerza expedicionaria, y el comercio con ambas partes siguió abierto. Pero se envió armamento, se pusieron a disposición aviones de vigilancia, drones y satélites, y se aplicaron sanciones en el frente económico, deportivo y cultural. Aplicar sanciones sin mandato del Consejo de Seguridad, sostienen algunos, no es neutralidad: es otra forma de participar. La contra replica que apoyar a un bando en un conflicto ajeno no es traición a nadie, porque nada se debía a Ucrania. El gasto, en cambio, sí es propio.
¿Es creíble el anuncio o es propaganda?
Aquí conviene pisar con cuidado, porque la prudencia tiene precedentes. En el segundo día de la guerra, medios que se presentan como serios daban por tomada la capital ucraniana. Exigir la fuente, el nombre y el minuto exacto del directo no es pedantería: es lo mínimo antes de convertir un titular en un hecho. Que la declaración exista no significa que exista el acuerdo, ni que sus términos sean los que se filtran. Moscú no tiene ninguna prisa y eso también es un dato.
La previsión más razonable, con toda la cautela que exige un conflicto todavía abierto, es que Ucrania acabe firmando algo muy parecido a lo que rechazó en Estambul y que Bruselas descubra que su papel en el reparto fue el de pagano. Si alguien acierta con un escenario distinto, será por sorpresa.