El 112 avisó a la Policía Local de la pasarela de Santander un día antes
¿Qué hace una administración cuando un ciudadano le avisa de que una estructura se está cayendo? En Santander, la respuesta cabe en una palabra: nada. Un vecino del barrio de Monte, Fernando Cabellos, llamó al 112 el lunes para advertir de que la pasarela de madera de la senda costera de El Bocal «cimbreaba» al pasar y que no soportaría el peso de varias personas. El 112 trasladó el aviso a la Policía Local a las 12.14 horas.
Veinticuatro horas después, siete jóvenes que hacían una ruta por los acantilados cayeron al vacío cuando la estructura se vino abajo. Cinco murieron en el acto y una sexta falleció después; una chica permanecía desaparecida mientras se escribía esta crónica.
La alcaldesa, Gema Igual, compareció para reconocer que la cadena de respuesta «falló»: la agente que recibió la llamada no la trasladó. La responsable del mantenimiento, mientras tanto, es un partido de tenis entre administraciones que nadie quiere ganar.
Quién mantiene la pasarela: el Ayuntamiento dice que Costas, Costas dice que el Ayuntamiento
La concejal de Medio Ambiente, Margarita Rojo, lo dejó por escrito: el mantenimiento de la senda costera no corresponde al Ayuntamiento porque las obras del proyecto que arrancó el Ministerio de Transición Ecológica en esa zona se paralizaron y nunca se terminaron. Costas sostiene lo contrario.
Según un mensaje del hilo, tres administraciones —estatal, autonómica y local— se pasaron la pelota durante años y ninguna hizo nada. Un millón de euros costó adecentar la senda, según los datos que maneja la propia discusión. El resultado es una trampa de tiempo sobre unos acantilados.
No es un caso aislado de dejadez. Es un modelo: se construye lo vistoso —pasarelas de madera «verdes y ecológicas», rotondas, rampas mecánicas— y se abandona el mantenimiento, que no da rédito político ni foto de inauguración.
La Policía Local: 300 multas semanales que pasaron a 2.300
El aviso no llegó en un momento cualquiera. La Policía Local de Santander atravesaba un conflicto laboral abierto con el Consistorio. Tras la asamblea de trabajadores, las sanciones se dispararon:
de 300 multas semanales a 2.300 en noviembre y diciembre. Los sindicatos reclaman una actualización de las cuantías por hora trabajada fuera de turno, una regulación clara de los descansos y una planificación que evite la sobrecarga estructural de la plantilla. La oferta municipal fue calificada de «insuficiente e injusta» y la tensión sigue sin acuerdo.
Ese contexto no exculpa la omisión, pero explica el clima. Hay quien sostiene que la plantilla estaba desbordada; enfrente pesa el argumento de que ningún conflicto laboral justifica que una llamada sobre una estructura a punto de caerse se quede en un cajón.
Otra vez será culpa del que avisa.El patrón que se repite: nadie dimite, nadie responde
La reacción institucional siguió el guion conocido. Expediente a la agente que atendió la llamada, comparecencia de la alcaldesa y un informe técnico que, según el calendario que se maneja, tardará entre seis meses y un año. Mientras, las familias esperan algo que en España casi nunca llega: una responsabilidad política con nombre y apellidos.
El patrón se repite con una fidelidad que da escalofríos: primero se pide no politizar la tragedia, después se anuncia una comisión de expertos y al final todo queda en un expediente que se archiva solo. La pregunta que sobrevuela el caso no es técnica, es de incentivos: si nadie pierde nada por no hacer nada, ¿por qué iba a hacer alguien algo?
La infraestructura española: cara de rico, mantenimiento de pobre
España tiene infraestructuras de país desarrollado y presupuestos de mantenimiento de país que vive por encima de sus posibilidades. La deuda pública sostiene la apariencia. Cuando la apariencia se rompe —una pasarela, un puente, una rampa de acceso a la playa— aparece la factura real. En otras zonas costeras hay rampas precintadas por el viento y el oleaje que llevan meses esperando reparación.
El aviso existió. La llamada está registrada. La estructura se cayó igual.
No se podía saber.
Lo más eficaz de todo el sistema no fue la respuesta de emergencia, ni el mantenimiento, ni la coordinación entre administraciones. Fue el silencio posterior.