La vendimia adelantada en Rioja: la guerra por el jornal inmigrante
La vendimia de La Rioja ha llegado con semanas de adelanto y los viticultores no encuentran brazos para arrancar la uva. La paradoja: mientras se quejan de falta de mano de obra, el debate público ha derivado en una bronca política sobre si conviene traer trabajadores extranjeros y darles vivienda.
El campo riojano, enganchado al temporero inmigrante
La campaña de la uva concentra en pocas semanas la mayor demanda de trabajo agrícola del año. Las cooperativas y explotaciones buscan cuadrillas que no siempre aparecen entre la población local. Por eso, desde hace años, el sector mira hacia la contratación de personas migrantes, que llegan con contratos temporales y, en muchos casos, con alojamiento puesto. La fórmula es sencilla: el trabajador cobra, se le da un techo durante la vendimia y, al terminar, se le devuelve a su país. Sobre el papel, todos contentos. Sobre el terreno, el sistema chirría.
Salarios: la grieta real del debate
El choque no es solo cultural, es económico. Quienes defienden el modelo actual sostienen que si los salarios agrícolas subieran a lo que algunos reclaman, el precio de la fruta y la verdura se dispararía o sencillamente no habría margen. Al otro lado, hay quien argumenta que la agricultura está hipersubvencionada y que con ayudas públicas se podrían pagar sueldos decentes sin hipotecar a nadie. La prueba de que algo falla, dicen, es que los propios españoles van a vendimiar a Francia a cambio de condiciones que aquí no se ofrecen.
Contratos en origen, vivienda y el choque político
En medio de la vendimia, el asunto ha saltado a la arena política. La ley de extranjería, la política de inmigración y el papel de la patronal se cruzan en cada conversación sobre el campo. Unos responsabilizan a los empresarios agrícolas de convertir la agricultura en la puerta de entrada a una inmigración masiva, mientras otros recuerdan que sin esa mano de obra las frutas y hortalizas españolas no competirían con las importaciones de Marruecos o Sudamérica. La vivienda que se da a los temporeros también es objeto de escrutinio: ¿es una solución o la excusa para mantener un ejército laboral desechable?
Boicot y quejas: la respuesta ciudadana
Ante la bronca, algunos sectores han propuesto boicotear a los empresarios del agro, no comprar sus productos o pedir etiquetados severos con controles fitosanitarios. La respuesta de los defensores del sector es contundente: si se corta el grifo a la producción nacional, habrá que comprar tomates de Marruecos. El dilema deja una pregunta incómoda: ¿está dispuesto el consumidor a pagar lo que cuesta una agricultura sin la mano de obra barata?
El debate sigue abierto. La próxima vez que alguien se tome un vino de Rioja, quizá convendría pensar en quién recogió la uva y con qué salario. Pero esa, por ahora, es una conversación que nadie quiere tener.