AfD y BSW negocian un gobierno inédito en Sajonia-Anhalt
Sajonia-Anhalt es uno de esos estados alemanes que la mayoría no sabría colocar en el mapa. Ahora amenaza con convertirse en el laboratorio político del continente: la ultraderechista AfD y la izquierda de BSW negocian una coalición de gobierno que sería el primer ejecutivo
anti-mainstream de Europa. Lo que une a dos partidos que se desprecian cabe en tres carpetas —energía, inmigración y Ucrania— y en un cálculo frío sobre cuánto aguantan sus votantes antes de que salte todo por los aires.
¿Qué une a la AfD y a la BSW en Sajonia-Anhalt?
Restaurar la energía nuclear, reabrir el grifo del gas ruso y reducirlo todo a
inmigración legal y por reglas. Ese sería el programa mínimo que ambos partidos estarían dispuestos a firmar en este estado del este alemán. En política exterior coinciden incluso más: los dos defienden dejar de enviar dinero a Ucrania, un punto que dinamita el consenso que Berlín y Bruselas venían dando por sagrado.
El encaje no es automático. Una corriente de análisis subraya la contradicción de fondo: BSW llega con una agenda de subsidios y proteccionismo social, mientras la AfD vende rebaja de impuestos y liberalismo. Casarlas será el primer choque real. Hay quien añade otro matiz: la BSW es
más débil electoralmente que la AfD ante su propia audiencia, lo que la deja en posición de socio menor y, por tanto, con menos margen para imponer su programa.
Por qué el caso se mira desde España
El paralelismo lo trazan los propios observadores patrios: si en Alemania pactan la nueva derecha y la nueva izquierda, ¿por qué no aquí? La comparación más repetida es la del Frente Obrero, al que algunos ven presentando candidatura incluso en unas primarias de Podemos para capturar el voto desencantado del electorado de izquierdas. Otros directamente descartan la analogía:
España no es Sajonia-Anhalt, y las etiquetas de izquierda y derecha saltan por los aires en cuanto se habla de inmigración o de salir del euro.
De fondo late la sospecha de que todo el sistema de partidos es un teatro. PP y PSOE serían, según esta lectura, las dos caras de la misma moneda, y los partidos que se presentan como alternativa acaban siendo muleta del poder, como —dice la crítica— le pasó a Podemos con el PSOE.
El pulso con Bruselas: ¿pueden cortarle los fondos?
La hipótesis más repetida es que la Unión Europea y el establishment alemán intentarán asfixiar el experimento por la vía financiera, empezando por recortar las transferencias a este estado. No es un escenario confirmado, pero sí la línea de fuga que muchos dan por descontada. Si el laboratorio funciona, el efecto dominó hacia el resto de Alemania —y hacia Europa— deja de ser ciencia ficción.
Queda la incógnita que nadie cierra: cuánto dura un matrimonio entre dos proyectos que se necesitan para gobernar y se odian para existir. La respuesta, por ahora, está en el aire.