Trevijano tenía razón: la corrupción como pilar del Estado
«Españita está sostenida exclusivamente por la corrupción.» La frase la dejó escrita Antonio Trevijano hace décadas. El debate político deja caer que no se equivocaba. Por mucho que el relato oficial insista en la solidez institucional, los datos que afloran –fincas de 35.000 hectáreas en Argentina para tesoreros del PP, sociedades pantalla como Agropecuaria Andorrana S.A. vinculadas a los Pujol– dibujan un subsuelo que apesta a dinero opaco y clientelismo.
La acumulación de casos –la Finca La Moraleja de los tesoreros, las 41.000 hectáreas de Agropecuaria Andorrana en Salta– lleva a una conclusión incómoda: ninguna institución española parece escapar de la podredumbre. El PSOE reparte derechos a cambio de permisividad con el saqueo; el PP, directamente, se lleva la tierra. Y mientras, la sociedad civil asiste a un culebrón sin fin: «Ahora, ¿qué hacemos? ¿Votar para elegir que nos roben otros distintos?», se preguntan los análisis más crudos.
Hay quien ya da por perdida la batalla contra la corrupción sistémica. Frente a esa resignación, queda la advertencia de Trevijano: que solo los cobardes sobrevivieron a las guerras del XIX y sus descendientes han heredado un país donde la impunidad campa a sus anchas. El debate está servido, y los titulares lo confirman: la tesis del viejo profesor gana enteros con cada nuevo escándalo que emerge de los juzgados o las hemerotecas.
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