Trump a España: “seréis como Cuba, Filipinas y Puerto Rico”
Cuando un presidente de Estados Unidos invoca a Cuba, Filipinas y Puerto Rico para amenazar a un aliado, no está haciendo historia: está haciendo advertencias. La frase de Donald Trump contra España, en plena discusión por el gasto en defensa de la OTAN, tiene la virtud de la claridad. El republicano recordó que Washington “se quedó con todo” cuando España renunció a sus colonias, y que pronto “aprenderán” los españoles. La pregunta no es si la bravata tiene fundamento, sino qué está dispuesto a hacer Trump para que se cumpla.
El exabrupto de Trump: España no es buena aliada
El presidente estadounidense ha vuelto a cargar contra el socio europeo. En sus palabras, los españoles “pertenecen a la OTAN, pero no son muy buenos miembros”, y la prueba es que “no quieren ayudar a los demás”. La amenaza llega en un momento delicado: Washington lleva meses presionando a los países de la alianza para que suban su gasto militar, y España es uno de los que menos paga en porcentaje. Trump eligió un ejemplo extraño: el desastre del 98, cuando España perdió sus últimas posesiones de ultramar. “Pronto aprenderán, igual de pronto que cuando renunciaron a Cuba, Guam, Filipinas y Puerto Rico, y fueron todas nuestras. Nos hicimos con todo”.
La referencia al “nos hicimos con todo” no es una metáfora. Es la lógica del que se sabe más fuerte y no tiene empacho en decirlo. El problema es que España ya no tiene colonias que perder, así que la amenaza se lee en clave política y territorial: ¿qué queda por expoliar?
Ceuta y Melilla en el punto de mira
Ahí es donde la discusión deja de ser retórica. Hace solo unos meses, el congresista republicano Mario Díaz-Balart, presidente de la subcomisión de Seguridad Nacional y aliado del secretario de Estado Marco Rubio, soltó una bomba: Ceuta y Melilla “no están en el territorio geográfico de España”, sino en el de Marruecos, y ese tipo de cosas “se negocian entre amigos y aliados”. La declaración, recogida por El Español, encaja con la deriva de Washington hacia Rabat y con el apoyo de Trump a la soberanía marroquí sobre el Sáhara.
Si alguien pensaba que la amenaza de Trump era solo un exabrupto verbal, la combinación de ambas señales invita a pensar lo contrario. En Rabat, literalmente, “están dando palmas”, como se apunta en los análisis geopolíticos. Una cosa es que EEUU no reconozca la españolidad de unas plazas que Marruecos reclama desde hace décadas, y otra muy distinta que el presidente de la primera potencia mundial las utilice como moneda de cambio para doblegar a un socio díscolo.
¿Declive de Estados Unidos o simple bravata?
La lectura más extendida entre los analistas es que el trumpismo habla en grande pero actúa en pequeño. Se recuerda el caso de Irán: Washington amenazó, movió barcos, y acabó retirándose del Golfo Pérsico cuando Teherán le plantó cara. “Una superpotencia no va por el mundo amenazando a todo el mundo para después recular”, sintetiza una corriente de opinión. La imagen del patán que da tumbos, que cambia de estrategia de lunes a martes, no es la de un país en expansión, sino la de un gigante que muestra su decadencia.
Frente a eso, otra corriente recuerda que Estados Unidos no necesita invadir: le basta con la presión económica, las bases militares y el control de las rutas comerciales. Y en esa partida, España tiene mucho que perder: el flujo de inversiones, la seguridad en el Mediterráneo y la estabilidad de sus enclaves africanos. Que España sea “la única patria que conquistó Estados Unidos de cabo a rabo” es un argumento histórico que no paga la factura de la luz.
La respuesta española: entre el orgullo herido y la impotencia
La reacción en el país oscila entre la indignación y el escepticismo. Hay quien exige llamar al embajador americano y leerle la cartilla; hay quien se ríe del “naranjito” y recuerda que Napoleón reconoció que España lo había vencido, pese a haber conquistado media Europa. También hay quien, directamente, desconfía del propio régimen español: si Washington aprieta, el Gobierno podría caer o ceder Ceuta y Melilla para salvarse.
Pero el consenso es incómodo: España no está en condiciones de defenderse sola, y la OTAN ya no es el paraguas de hace treinta años. La pregunta que sobrevuela es si la amenaza de Trump es un farol para forzar un aumento del gasto militar o si, como sospechan los más conspiranoicos, es el preludio de un “Maine” contemporáneo. El Maine, aquel barco que explotó en La Habana en 1898 y sirvió de excusa para la guerra contra España, sigue siendo el ejemplo perfecto de cómo se construyen los pretextos.
Lo único seguro es que la historia no se repite, pero rima. En 1898, España perdió sus últimas colonias por la fuerza. En 2025, la amenaza se formula con la arrogancia del que sabe que el otro no puede responder. ¿Aprenderá España la lección sin necesidad de que se la enseñen? La respuesta, como casi siempre en este país, sigue abierta.