El contraste entre la operación en Caracas y la ofensiva rusa en Ucrania reabre el debate sobre qué es una potencia militar
Una operación militar estadounidense en Caracas se salda con la captura de Nicolás Maduro en cuestión de horas, según los mensajes del hilo. La misma semana, la maquinaria rusa sigue sin poder descabezar el régimen de Kiev tras años de ofensiva. La comparación es inevitable y el contraste, brutal: unos entran por aire y se llevan al objetivo; otros llevan desde febrero de 2022 sin poder cerrar la Operación Militar Especial. El debate sobre qué hace grande a una potencia militar vuelve a estar sobre la mesa.
Qué pasó en Caracas y por qué se compara con Ucrania
La operación sobre Caracas se resolvió con un asalto helitransportado y en un margen de horas, según los mensajes del hilo. Según un cálculo que circula, la información denunciando la desaparición de Maduro llegó apenas dos horas y media después de las primeras explosiones. El detalle no es menor: apunta a una operación con inteligencia previa, objetivos claros y una ventana de ejecución muy corta. Nada que ver con un despliegue terrestre prolongado.
En el otro lado de la balanza, la ofensiva rusa sobre
Ucrania acumula años sin haber capturado a Volodímir Zelenski ni haber tomado Kiev. Hay quien recuerda que en los primeros compases de la invasión Moscú envió sus mejores tanques hacia la capital y acabó retirándolos. La explicación oficial habló de un gesto de buena voluntad en el marco de las negociaciones de Estambul. La lectura alternativa, mucho más extendida en los análisis críticos, sostiene que se retiraron porque los estaban machacando con drones y artillería.
El argumento de la quinta columna
Una de las tesis más repetidas para explicar el fracaso ruso en Kiev apunta a la ausencia de una quinta columna bien preparada. La operación se diseñó como algo rápido, casi administrativo, no como una guerra. Cuando ese supuesto se desmoronó, Moscú se vio forzado a reconvertir el plan sobre la marcha. Esa diferencia de preparación —inteligencia, redes locales, capacidad de decapitar el poder— es la que separa una operación de horas de un conflicto de desgaste.
El contraste con Caracas es el que alimenta la comparación. Allí no hubo que sostener un frente: hubo que entrar, coger al objetivo y salir. En Ucrania, en cambio, la guerra derivó en una lógica de desgaste territorial, con avances lentos y objetivos intermedios como Pokrovsk, Mirnograd o Juliaipole. Ganar terreno no es lo mismo que descabezar un régimen.
¿Por qué Rusia no ha eliminado a Zelenski?
La respuesta más extendida es que no puede. No se trata de falta de voluntad, sino de capacidad: si Moscú hubiera podido capturar a Zelenski, lo habría hecho. La defensa aérea, la dispersión del mando y el apoyo occidental sostenido han blindado al presidente ucraniano. A eso se suma un cálculo estratégico: eliminar al líder no garantiza mejorar la posición negociadora, y podría complicarla.
Hay quien añade otro matiz. A Rusia no le interesaría necesariamente descabezar el régimen: cualquier sucesor podría ser igual o peor para sus intereses. Esa ambigüedad explica por qué los objetivos declarados en los distintos borradores de acuerdo —incluidos los de Estambul— nunca incluyeron Kiev ni las regiones aledañas como anexión territorial explícita.
El relato de la potencia que no quiere
Circula una versión irónica del argumento oficial: Rusia podría tomar Kiev, Járkov, Odesa y toda la costa, pero no quiere. Podría descabezar el régimen, pero tampoco. El problema de esa lectura es que choca con los hechos: al inicio de la operación, Putin animaba a los militares a dar un golpe de estado contra el gobierno ucraniano. Si eso no es querer descabezar el régimen, se le parece bastante.
La comparación con la operación estadounidense en Caracas deja el listón muy alto. Un asalto helitransportado resuelto en horas frente a años de guerra de desgaste. La diferencia entre una potencia que ejecuta y otra que sostiene el relato de que podría pero no quiere es, precisamente, la distancia entre el plan y el resultado.
La pregunta que queda abierta no es si Rusia es o no una potencia militar. Es qué tipo de potencia es una que lleva años sin poder cerrar su operación especial mientras otra resuelve la suya en una tarde. La respuesta, de momento, la da el mapa.