Trump amenaza a Dinamarca con tomar Groenlandia por la fuerza
Donald Trump, presidente electo de Estados Unidos, ha amenazado con imponer aranceles a Dinamarca si no cede Groenlandia «por seguridad nacional» y no ha descartado la opción militar. La declaración, difundida por la cuenta @Descifrando la Guerra, ha desatado un alud de reacciones que van del análisis geopolítico al sarcasmo más ácido. En el centro del debate, una pregunta incómoda: ¿es una bravuconada más del personaje o el primer paso de una anexión real?
La amenaza que no es un farol
El mensaje inicial no se anda con rodeos: Trump «habla mucho» pero retrocede cuando se le planta cara, y el ejemplo que se cita es Maduro, que «le hizo retroceder estando en desventaja total». La tesis del escepticismo tiene recorrido. Sin embargo, otros análisis subrayan que Groenlandia no es Venezuela. Estados Unidos ya tiene bases en la isla desde 1941, recuerda un participante, así que el objetivo no sería tanto militar como civil: «A lo que aspiran es al control civil». La distinción importa. Una base se negocia; una anexión se impone.
Hay quien va más allá y sostiene que esto no es un berrinche de Trump. «I've been told for a long time», dice el presidente electo en el vídeo. Eso, para algunos, significa que los asesores estadounidenses llevan años planeando el movimiento. «No es un berrinche de Trump, como todo, viene del deep state», se argumenta. La ventana de oportunidad sería limitada: Trump tendría un margen temporal para «construir imperio» antes de que la opinión pública despierte.
Europa como colonia: el diagnóstico que incomoda
La reacción más repetida no apunta a Dinamarca, sino a Bruselas. «Europa es la puta de EEUU, que nos hace y nos maneja como le da la gana», resume una intervención que, más allá del exabrupto, contiene un argumento: Alemania tiene 50 bases y 30.000 soldados estadounidenses en régimen permanente. «Es poco más que un país ocupado», se afirma. Desde esta óptica, la sorpresa no es que Trump quiera Groenlandia, sino que alguien se sorprenda.
La contradicción danesa se subraya con retintín: Dinamarca entregó toda su artillería y la mayoría de sus F-16 a Ucrania, fue escenario del sabotaje del Nordstream y ahora se enfrenta a la posibilidad de perder territorio. «Les obligan a desarmarse, les cortan parte del suministro energético y ahora les quieren quitar el territorio», se lamenta. El Pentágono, se sugiere, se estará riendo.
¿Recursos naturales o control estratégico?
La pregunta que sobrevuela es qué hay debajo del hielo. «No han descubierto algún recurso natural no explotado como petróleo», apunta un participante, que sospecha que si no es petróleo, es otra cosa. La isla es rica en minerales críticos, tierras raras y uranio, aunque su explotación choca con un problema demográfico: no hay mano de obra suficiente. «El problema demográfico que supone para ellos explotar esos recursos», se señala, y los recursos «no son ni de Dinamarca ni de USA ni de nadie, son de Groenlandia».
La ironía histórica no se escapa: «Sabemos si en Groenlandia hay armas de destrucción masiva?», pregunta alguien, en referencia al pretexto que justificó la invasión de Irak. La comparación con el expansionismo ruso también aparece: Trump «quiere copiar a Pooptin en sus planes de expansión».
La UE como Gauleiter y el sakoku como salida
No todo es geopolítica. Una parte del análisis deriva hacia la crítica interna europea. «La Lebensraum Trumpista tendrá la aquiescencia de la UE. Von der Leyen es la Gauleiter», se afirma. Otra intervención propone directamente el aislamiento: «La salvación de España reside en iniciar un sakoku, un periodo de aislamiento total». El término, tomado de la política japonesa del siglo XVII, resume el cansancio hacia todo lo que venga de fuera.
El desprecio hacia las instituciones europeas es transversal. «Que follen a la ue de vondermierden», se escribe, con la misma falta de entusiasmo que hacia la OTAN. «No creo que nadie quiera morir por esa banda de hijos de puta plutocratas», se añade. El desdén no es solo retórico: refleja una fractura real entre la ciudadanía y unas élites que, según esta lectura, han convertido Europa en un protectorado.
El precedente de Panamá y el golfo de México
La memoria reciente alimenta el escepticismo. Trump también dijo que militarizaría el canal de Panamá y que renombraría el golfo de México como «golfo de América». «De lo que diga a lo que haga hay un mundo», se recuerda. En su mandato anterior, «cuántos objetivos cumplió de todo lo que llegó a decir», se pregunta. La respuesta implícita es: pocos.
Pero hay un matiz que cambia el cálculo. Durante su primer mandato, «no le dejaron hacer nada», con la pandemia como excusa. Ahora, el entorno es distinto. «Van por el mismo camino los chinos, no esperan ni que llegue al día 20», se observa. La ventana de oportunidad es estrecha y Trump parece dispuesto a aprovecharla.
El dato que descoloca
Estados Unidos tiene bases en Groenlandia desde 1941. Si ya está dentro, ¿para qué necesita anexionarla? La respuesta que se apunta es que el control militar no basta: lo que se busca es el control civil, los recursos y la posición estratégica en el Ártico. Y ahí, Dinamarca no pinta nada. «Se quedarán Groenlandia si les da la gana, y no hay NADA que Dinamarca pueda hacer para impedirlo», se concluye. La única duda es si Trump lo hará por las bravas o si, como con Maduro, alguien le planta cara y retrocede. De momento, nadie lo ha hecho.