Guerra del clickbait: YouTube tumba el canal de Infovloger
En la economía de la atención, el enemigo de un creador no siempre es la plataforma: a veces es otro creador. La desaparición del canal de Infovloger ha destapado una pelea poco visible: la que libran los youtubers políticos por un trozo del pastel publicitario. YouTube ha retirado el canal del comunicador, que se había convertido en una voz crítica con el Gobierno y en un apoyo explícito a VOX. En paralelo, Aitor Guisasola, el abogado conocido como «el abogado contra la demagogia», ha lanzado ataques directos contra él. Guerra abierta.
¿Censura política o política de plataforma?
La primera lectura que circula es la de la censura. Infovloger había pedido el voto para VOX y había criticado al Gobierno con dureza, lo que para algunos sería motivo suficiente para que el entorno del poder presionara a YouTube. Sin embargo, esta versión choca con los datos: el canal ya llevaba al menos un año con sus vídeos desmonetizados, un castigo que YouTube aplica por incumplimientos de sus políticas de contenido, no por afinidad política. La desmonetización prolongada suele ser el paso previo a la eliminación del canal.
La pelea entre creadores: dos formas de vender lo mismo
La segunda lectura, menos épica pero más ajustada al negocio, es que la guerra entre Infovloger y Guisasola es una disputa por la misma audiencia. Ambos viven del mismo producto: vídeos con titulares sensacionalistas que prometen dimisiones inminentes, escándalos y conspiraciones. Lo irónico es que Guisasola, que se presenta como un azote de la demagogia, sea acusado precisamente de eso. Hay quien señala que sus títulos son «delirante», «brutal», «terrible», y que sus vídeos son una colección de noticias de segunda mano con un ritmo acelerado. Otros recuerdan que Infovloger no era ajeno al clickbait, pero que al menos contrastaba información. La realidad es que el 99% de los títulos en YouTube son clickbait, como reconoce incluso la propia comunidad.
El negocio de la polémica: depender de un algoritmo
Detrás de la bronca hay un modelo de negocio frágil. Los creadores políticos dependen del algoritmo de YouTube, de la monetización por publicidad y de la paciencia de una plataforma que cada vez tolera menos el contenido incómodo. La desmonetización es el arma favorita: no prohíben el discurso, lo vacían de rentabilidad. Guisasola, por ejemplo, mantiene una plataforma de pago y ha sabido diversificar. Infovloger, en cambio, ha visto cómo su canal caía sin explicaciones. Los que defienden la versión empresarial sostienen que YouTube aplica estas sanciones de forma automática, sin sesgo político. Los escépticos recuerdan que la plataforma, propiedad de Google, tiene un historial de decisiones opacas y que el discurso disidente suele salir peor parado. La pregunta queda abierta: ¿cuántos creadores críticos pueden permitirse depender de una empresa que decide quién cobra y quién no?