La grieta diplomática México-Ecuador salta al fútbol
Ayer por la noche, una concentración de aficionados mexicanos frente al hotel de la selección ecuatoriana coreó insultos contra los jugadores. El incidente, que pudo haber quedado en una trifulca de grada, adquiere otro calibre cuando se recuerda que México y Ecuador no mantienen relaciones diplomáticas desde el asalto a la embajada mexicana en Quito hace dos años.
Sin relaciones, sin contención
La ruptura de lazos oficiales elimina cualquier canal de desescalada. Mientras la FIFA estudia posibles sanciones a la federación mexicana por no controlar a sus seguidores, lo cierto es que la movilización se produjo con total impunidad. «Va, chiquilladas», comentó un usuario en redes, pero el contexto diplomático convierte lo que podría ser una anécdota en un síntoma de hostilidad normalizada.
Un antecedente económico
El asalto a la embajada mexicana ya tuvo costes económicos: interrupción de acuerdos comerciales, enfriamiento de inversiones y deterioro del clima de negocios. Ahora el conflicto se traslada al deporte, un sector que mueve millones en patrocinios y turismo. Si los incidentes se repiten, la organización de eventos conjuntos o la venta de derechos televisivos podrían verse afectadas.
La concentración de anoche no es un hecho aislado. Es la manifestación callejera de una crisis que comenzó en una embajada y que, dos años después, sigue sin resolverse. Mientras los gobiernos no retomen el diálogo, cada partido entre ambas selecciones será un polvorín. Y el fútbol, como siempre, acaba pagando los platos rotos de la política.