Un tutorial yemení del AK-47 retrata a la España que no sabe disparar
En Yemen, un fusil es casi un electrodoméstico más. Un tutorial difundido estos días enseña a calibrar el peso del arma y a no malgastar munición: comprobar el equilibrio del kalashnikov y probarlo al hombro antes de la primera bala. La lección, elemental para quien creció entre décadas de conflicto, deja al descubierto un contraste incómodo: aquí nadie nos enseñó a disparar y, lo que es peor, casi nadie parece haberlo notado.
La mili que no enseñó a disparar
El servicio militar obligatorio español duró generaciones y sirvió, sobre todo, para cubrir guardias, retenes e imaginarias sin sueldo. La instrucción de tiro se reducía a sesiones contadas —de higos a peras— y el fusil de dotación, el CETME apodado el Chopo, se conocía más por su peso que por su uso real. La conclusión que circula en los análisis más duros: ni el 99% de quienes hicieron la mili sabría hoy disparar una pistola o un revólver.
El AK-47 como herramienta cotidiana
En Yemen el kalashnikov cumple funciones que aquí cubriría cualquier utensilio. Se usa para arrancar coches, para encender un cigarro o, según se relata, para desactivar minas a mano. Es el retrato de una economía donde el arma no es objeto de ocio ni de coleccionismo, sino una pieza más de la vida diaria. El detalle técnico del tutorial —la secuencia exacta de manipulación, seguro, cargador y recámara— es justo lo que aquí se ha olvidado.
Qué se nos viene encima
El malestar de fondo no es marcial sino económico: la sensación de que un país que desmanteló su defensa civil y tercerizó la seguridad no tiene plan B. La comparación con adolescentes entrenados desde niños y el contraste con el ocio digital alimentan una pregunta sin respuesta: si fallan los profesionales, ¿qué queda?
El tutorial termina con un disparo acertado a la primera. Aquí la cosa se queda exactamente donde empezó, sin acuerdo sobre si la falta de habilidades básicas es una anécdota o una factura pendiente.