Vía Digital murió en 2002: la nostalgia de pagar por Locomotion
¿Había vida más allá del fútbol en la televisión de pago de finales de los noventa? La había. Quien pagó
Vía Digital entre 1997 y 2001 sostiene que su parrilla superaba a la de Canal Satélite Digital: Locomotion, MTV y dos canales de cine,
Gran Vía 1 y 2, que emitían una película distinta cada día. El balón escaseaba. A muchos abonados les daba exactamente igual, porque preferían seguirlo por la radio.
Locomotion, MTV y los canales de cine que no estaban en el +
El argumento estrella no era el deporte, sino el catálogo. Junto a la música y la animación, la plataforma mantenía canales temáticos de cine y espacios de series antiguas, además de una sección de
juegos interactivos que incluía unos bolos. La comparación con la competencia se zanjaba con desdén: lo de la casa rival se percibía como
gafapaster y pretencioso. Ironías del mando a distancia.
Hay quien defiende que parte de aquella parrilla no ha envejecido. Series emitidas entonces en abierto se han convertido después en reclamo de las plataformas, mientras buena parte del catálogo que exigía decodificador está hoy a un clic de distancia y gratis. La diferencia es el ruido del ventilador.
Tarjetas Piccard, soldador y códigos piratas hasta 2003
La otra mitad de la historia no está en la parrilla, sino en el salón. La tarjeta
Piccard y su programador se compraban en tiendas de repuestos de electrónica, con soldadura incluida, y los códigos circulaban por internet para abrir fútbol, taquillas de estrenos y canales de madrugada. El método funcionó, según quienes lo usaron,
hasta 2002 o 2003. Mientras tanto, Napster y Kazaa hacían lo propio con la música.
Ese mismo abonado que pagaba religiosamente convivía con el vecino que no pagaba nada. La parrilla nocturna incluía canales para adultos —Canal 18, hoy DARK, y Spice Platinum—, un detalle que varios abonados recuerdan con sorna cuando llegaba la factura familiar y nadie sabía nada.
La plataforma se apagó antes de lo que sus usuarios habrían querido. La sensación de haber pagado por algo irrepetible, en cambio, sigue encendida. Cuatro años, dos canales de cine y un decodificador. Hoy hacen falta tres suscripciones distintas para intentar sentir lo mismo. O eso dicen los que aún recuerdan el ruido del VHS.