Un día criando a un recién nacido a –64 °C en la ciudad más fría del mundo
A −64 °C el agua caliente lanzada al aire se convierte en nieve antes de tocar el suelo. En Yakutsk, la ciudad más fría del mundo, una madre da de comer, cocina y mantiene la casa caliente con ese termómetro fuera. Un documental sigue su jornada entera, y en cuanto se copia la descripción del vídeo aparece la primera duda: quién graba y para quién.
¿Es propaganda el documental de la youtuber rusa?
El vídeo lo firma una
youtuber rusa y reserva espacio al apoyo gubernamental a las madres. Eso basta para que se levante una ceja: un canal popular que habla bien del Estado invita a sospechar de supervisión y de propaganda encubierta. Puede ser
simple orgullo local. Puede no serlo. El formato documental no resuelve la pregunta.
El verano siberiano se vive como peor que el invierno
Aquí llega la paradoja. Varios relatos de la zona coinciden: cuando acaba el frío y todo se descongela, aparece un
barro omnipresente, lodo y nubes de mosquitos, en la ciudad y en el campo, hasta que vuelve la congelación. El clima extremo no tiene estación buena; tiene una temporada
insoportable y otra con insectos.
Milenios sin ayudas estatales y embarazos planificados
La población de la zona sobrevivió allí durante milenios sin subvenciones del Estado, sostiene un argumento frecuente. Y en esas latitudes hay quien planifica la concepción para que el parto caiga en temporada cálida: llamar a la partera en plena noche siberiana es caro o directamente imposible. Otros rebajan la épica: «parecido a Ávila o Soria en invierno», con piso y calefacción.
Al asunto se le cuelan opiniones hostiles hacia el país que no aportan nada. La pregunta útil es otra: ¿cuánto de ese documental es vida real y cuánto es
escaparate?