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Jesús de Miguel, delantero del CD Tenerife, ha fallecido tras el choque con el portero del FC Andorra en el minuto 98 que le provocó una lesión cerebral. El caso abre el debate sobre si la acción debe salir del terreno deportivo y llegar a los tribunales.
Jesús de Miguel, delantero del CD Tenerife, ha fallecido tras el choque con el portero del FC Andorra en el minuto 98 que le provocó una lesión cerebral. El caso abre el debate sobre si la acción debe salir del terreno deportivo y llegar a los tribunales.
La noticia ha caído como un jarro de agua fría en el fútbol español. Jesús de Miguel, delantero del CD Tenerife, ha fallecido después de la lesión cerebral que sufrió en un choque con el portero del FC Andorra en el minuto 98 de partido. La publicación que ha confirmado el desenlace, una despedida con el texto «RIP Jesús, thankyou for the memories», ha corrido por las redes antes que cualquier comunicado oficial.
La acción se produjo en el tiempo añadido, con el partido ya roto. El portero del Andorra salió a por un balón dividido y el impacto dejó al delantero tendido sobre el césped. Lo que en principio parecía un golpe aparatoso derivó en una lesión neurológica grave. El jugador empeoró con las horas hasta que se confirmó lo peor.
Cualquier aficionado se hace la misma pregunta: ¿puede una jugada de juego acabar en los tribunales? La respuesta corta es que sí, aunque es excepcional. La vía penal exige demostrar algo más que imprudencia deportiva: dolo o negligencia grave. Sin una resolución judicial, hablar de delito es especular. La justicia ordinaria ya ha actuado en casos de lesiones en el deporte, pero siempre con un listón probatorio alto.
El guardameta del Andorra se ha convertido en el centro de la conversación pública. Las redes han amplificado el vídeo del choque y las opiniones se han dividido entre quienes ven una salida temeraria y quienes recuerdan que el portero también arriesga el físico en cada salida. Ninguna de esas opiniones sustituye a un peritaje. La cautela es obligatoria: señalar a una persona por una jugada sin resolución judicial es un atajo que la ley no permite.
Más allá del caso concreto, el suceso reabre el debate sobre la protección del jugador. El fútbol profesional español no cuenta con un protocolo único de responsabilidad civil para choques fortuitos. Los clubes aseguran a sus futbolistas, pero la cobertura no resuelve la pregunta de fondo: ¿quién responde cuando una acción reglamentaria termina en tragedia? La respuesta, por ahora, es que nadie lo sabe con certeza.
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