Drones hacia Israel y cierre del espacio aéreo
Cincuenta drones suicidas en vuelo, según los mensajes que circulan, y el oro sin decidirse entre 2.450 y 2.360 dólares por onza. Ese es el termómetro real de lo que ocurre en Oriente Próximo: los mercados dudan más que los titulares. Lo que se presenta como un salto cualitativo es que, según las informaciones que circulan, sería la primera vez que Irán ataca directamente a
Israel lanzando drones desde su propio territorio. Sonaron alertas rojas en varias localidades del noreste del país, en la franja de Galilea, y el espacio aéreo se cerró en cadena.
Qué ha pasado en el norte de Israel
El ataque se compone, según las informaciones que circulan, de alrededor de
cincuenta drones suicidas lanzados desde territorio iraní hacia objetivos israelíes. Antes de que llegaran, Israel, Jordania y otros países de la región cerraron su espacio aéreo y se daba por hecha la entrada en juego de misiles balísticos. Las alertas rojas se activaron en ciudades y pueblos del noreste, la zona conocida como franja de Galilea, pegada a la frontera con Líbano.
Junto a eso se difundieron mensajes sobre un ciberataque contra el sistema energético israelí, sobre la supuesta ruptura de las defensas antiaéreas y hasta sobre la salida del primer ministro Benjamín Netanyahu del país. Nada de eso está confirmado por fuentes independientes en el momento de esta discusión, y conviene manejarlo con pinzas: en un ataque en tiempo real, la propaganda corre más rápido que los hechos. Lo verificable, de entrada, son los drones y el cierre coordinado del espacio aéreo.
¿Irán, Hezbollah o los cohetes de siempre?
No todos compran la autoría iraní. Una parte del análisis sostiene que atribuir el lanzamiento a Teherán es precipitado y que lo que ha caído sobre Galilea son cohetes de la franja de Gaza, con o sin intención real de acertar. Otra corriente sitúa el origen en Hezbollah, el actor con el que Israel se intercambia golpes en la frontera norte desde hace meses.
La confusión no es casual. En una región donde conviven milicias, ejércitos regulares y grupos armados sin Estado, distinguir quién aprieta el botón es casi un ejercicio académico. Pero la diferencia pesa: unos cohetes sueltos no justifican una escalada regional; un lanzamiento directo desde suelo iraní, sí.
El desgaste del Iron Dome y la cuenta atrás
La hipótesis con más recorrido entre quien sigue el conflicto a diario es la del
desgaste. La idea: saturar el sistema antiaéreo israelí con ataques sucesivos y baratos para que, cuando lleguen los proyectiles serios, la defensa esté con el cargador a medias. «Cuando recarguen, llegan los misiles iraníes», resume una de las versiones de ese cálculo. Desde esa lógica, cada noche de cohetes es una factura que alguien paga.
Qué se dice del espacio aéreo y Estados Unidos
La dimensión diplomática pesa tanto como la militar. Según un mensaje compartido en el hilo, Turquía trasladó a Estados Unidos que
no puede utilizar su espacio aéreo para atacar a Irán. Qatar y Kuwait también se habrían negado, según los mensajes que se comparten, aunque no queda claro si se anticipan a una operación o si simplemente cierran la puerta por si acaso.
El oro como termómetro del miedo
Los futuros del oro tocaron 2.450 dólares por onza y retrocedieron después hasta 2.360, según un mensaje del hilo que califica la cifra de aún muy alta y la sitúa rondando desde principios de la segunda semana de abril.
¿A quién le conviene una guerra regional?
Aquí el análisis se vuelve político. Hay quien recuerda las tres reglas que el fundador del Estado israelí, David Ben Gurion, fijó para la supervivencia del país: guerras cortas y ganadas rápido, una superpotencia apoyando en cada conflicto y superioridad moral sostenida durante todo el choque. Según un mensaje del hilo, el ex primer ministro y ex ministro de Defensa Ehud Barak habría advertido de que una guerra contra Irán sería terriblemente difícil de ganar y de que el actual Ejecutivo ha roto esas tres reglas.
El otro argumento que circula es más incómodo: que abrir un frente con Irán desvía la atención de lo que pasa en Gaza después de meses de ofensiva y sirve para reencuadrar el relato internacional. El cálculo completo, con sus partidarios y sus matices, da para varias columnas.
Al cierre de esta discusión, los drones iban en camino, media región había cerrado su cielo y nadie sabía cuántos proyectiles llegarían ni cuántos caerían. La pregunta que queda en el aire no es quién disparó primero, sino cuántos actores están dispuestos a que esta vez sí pase algo grande. Cuando el oro no se decide, toca preguntarse si el ruido es la señal o solo el ruido.