La picadora de carne que Rusia promete y la que ya funciona
Rusia asegura que no ha empezado a actuar en serio en Ucrania. La frase llega mientras sus tropas siguen avanzando, despacio pero sin ceder terreno, según los mapas que difunde la inteligencia británica. Ese es el nudo del asunto: quien promete una escalada definitiva es quien se mueve a paso de tortuga. La picadora de carne no es un pronóstico de futuro. Lleva meses girando.
La advertencia que abre el intercambio no trae una sola cifra. Que la OTAN quiera derrotarles en el campo de batalla, que Ucrania aguante «hasta el último ucraniano», y que todavía no hayan enseñado los dientes. Ni un presupuesto, ni un balance, ni una fecha. La contabilidad, como casi siempre, la ponen otros.
¿Cuántos ucranianos han huido a Rusia y cuántos a Occidente?
El primer dato incómodo es un flujo migratorio que casi nadie cita. En Rusia entraron
más de 830.000 refugiados ucranianos a causa de la guerra del Donbás de
2014, según los registros que cita Wikipedia en el hilo. En la región de Rostov del Don se instalaron más de
39.000, de los que
1.314 vivían en centros de acogida provisional y el resto, en casa de familiares o de vecinos del óblast.
La pregunta que se lanza en dirección contraria también tiene número. Si no hay diferencia entre los dos bandos, ¿por qué
6 millones de ucranianos —mujeres, niños y ancianos— han salido hacia Occidente y no hacia Rusia? La respuesta que ofrece el otro lado es que también hubo un éxodo hacia el este, aunque de otra magnitud y en otro momento. Los dos datos conviven sin reconciliarse. Cada uno cuenta la mitad de la historia y ninguno explica la otra.
Por qué EEUU no envía los Abrams ni los F-15 a Ucrania
El arsenal ha ido subiendo de categoría por entregas. Primero se prometió que los misiles Javelin y los Stinger borrarían a los rusos del mapa. Luego llegaron el obús
M777 y, después, los
HIMARS. Cada escalón se presentó como el definitivo. Ninguno lo fue.
Hay un argumento que se repite y que no tiene fácil réplica: ¿por qué Estados Unidos no manda los carros Abrams, ni los helicópteros Apache, ni los misiles Tomahawk, ni un escuadrón de F-15 o F-18? Material tiene de sobra. Tiempo para decidirlo, también. La conclusión que algunos extraen de ese silencio es dura: Ucrania importaría bastante menos de lo que se vende en televisión. Es una lectura que no todo el mundo comparte, pero el hueco entre el discurso y la lista de material entregado alimenta más de un recelo. Hasta el avión furtivo F-117, derribado en los Balcanes según se recuerda, aparece para rebajar el mito del arma invencible.
Qué dicen los mapas del frente
La propaganda de cada bando se mide con un mapa. La inteligencia británica publica actualizaciones periódicas sobre la situación en Ucrania y quienes siguen el hilo usan su gráfico de termómetro: según esa lectura, el avance ruso es lento, pero suma.
Sobre esa base se construye la tesis más repetida del asunto: un ejército entrenado por la OTAN durante ocho años y armado con lo mejor del catálogo occidental no logra echar a los rusos del terreno conquistado. Poco a poco, pero hacia delante. El detalle de por qué cada ofensiva se atasca —y qué tramo del mapa se atribuye a quién— da para una lectura que va mucho más allá del titular.
El Nord Stream 2 y la factura que paga Europa
La tesis que se defiende con más insistencia apunta a la economía. El gasoducto
Nord Stream 2 iba a entrar en funcionamiento justo cuando todo se torció, y se sostiene que a Washington le interesaba cortar la conexión energética entre Rusia y Europa. La guerra de Ucrania habría sido la vía para lograrlo.
De ahí sale la factura. Quien la paga no es la potencia que está al otro lado del Atlántico, sino la economía europea: inflación, coste energético, tejido industrial tensionado. El argumento se resume en una frase que circula sin complejos: Europa es la que pringa. Quienes defienden la versión oficial alegan que la invasión rusa es no provocada; enfrente, la réplica es que Occidente llevaba años dando picotazos al oso ruso, y que un oso no se deja llevar por las buenas.
La movilización y el arma nuclear táctica
En el capítulo militar más crudo, la pregunta es hasta dónde puede apretar Rusia. Se habla de movilizar mucha más carne y se menciona el arma nuclear táctica. Sobre lo segundo, la coincidencia es amplia incluso entre los más críticos: no se van a utilizar. Sobre lo primero, la duda es otra. Se subraya que en Rusia el
40% de la población vive en zonas rurales, acostumbrada a subsistir con poco, lo que aguantaría un desgaste largo. El reverso es que esa misma paciencia también tiene fondo.
La lectura sobre la evolución se hace en clave histórica. Se recuerda 1812, se invoca Manila y a MacArthur, se compara el avance ruso con los viejos carros T-62. La conclusión que se repite es que el tiempo no corre necesariamente contra Moscú, por mucho que sus reservas de material se vean, desde fuera, como chatarra.
Y una advertencia para quien da la victoria por hecha: el ejército entrenado y armado por Occidente no logra avanzar. ¿Seguro que la picadora de carne solo está girando de un lado?