Una avioneta cae en Venezuela con dos testigos del caso Zapatero
Un avión que se estrella y no mata a nadie es, leído en clave conspirativa, la peor prueba posible. Los dos ocupantes de la avioneta siniestrada en Venezuela salieron con heridas y alguna quemadura. Siguen vivos. Ese detalle, incómodo para cualquier guion de ajuste de cuentas, es hoy lo único que se sostiene sobre algo parecido a un hecho.
Qué se sabe del siniestro y quién lo publica
El aparato se accidentó un par de días antes de que estallara la polémica. A bordo viajaban dos personas presentadas como testigos clave del llamado caso Zapatero, un cajón de sastre donde caben joyas, oro, petróleo y la relación del expresidente con el chavismo. La noticia la difundió un medio digital, no una autoridad aeronáutica. No consta, a la fecha de esta discusión, informe oficial sobre las causas del siniestro ni resolución judicial alguna que lo atribuya a un acto intencionado.
La coincidencia como argumento y sus agujeros
La coincidencia se ha convertido en categoría probatoria. Hay quien enumera episodios —dinero, oro, contratos, siniestros— y concluye que la repetición basta para cerrar el caso. En contra pesa un problema elemental: si alguien quisiera eliminar a dos testigos, hacerlo con un accidente que los deja vivos y quemados sería un fracaso operativo de manual. A las operaciones atribuidas al crimen organizado se les supone otra eficiencia. Aquí quedaron dos testigos respirando.
Un expediente bautizado en circulación como Royuela aparece en la conversación sin que conste trámite judicial conocido. Sospechar es libre. Imputar, no: ninguna de las acusaciones que circulan tiene respaldo probatorio público.
Con estos mimbres, la pregunta no es quién lo hizo, sino cuántos accidentes hacen falta para que una coincidencia deje de serlo.