Un colegio de Compostela quiere dejar de llamarse Santiago Apóstol
El CEIP Santiago Apóstol, un centro público enclavado en el barrio compostelano de la Almáciga, ha puesto en marcha un proceso para despojarse del nombre del apóstol y adoptar el del barrio. La iniciativa, impulsada por la asociación de padres y madres (Ampa) y respaldada por unanimidad por el Consejo Escolar, alega motivos que van desde la necesidad de «dignificar» una zona con «cierto estigma social» hasta la conveniencia de evitar «equívocos telefónicos, postales y electrónicos» porque, sostienen, el nombre del santo se repite en exceso en el nomenclátor educativo. El centro cuenta con 203 alumnos y, según sus promotores, casi el 70% de las familias respalda el cambio.
De Santiago Apóstol a Almáciga: los argumentos del cambio
El informe del Ampa, que inició el proceso hace dos cursos escolares, sostiene que la nueva denominación refuerza la «identidad territorial» y el «sentimiento de pertenencia». Para ello, dedica varios párrafos a glosar la toponimia de Almáciga, un nombre «único en Galicia» que se remonta «por lo menos a la primera mitad del siglo XVI» y cuya etimología se especula con un origen castellano, portugués o árabe. La dirección del centro, que firmó la solicitud enviada al Consejo Escolar, añade que el cambio facilita el uso «a efectos de marca» porque es «una única palabra» y que la nueva denominación «no traslada ningún tipo de connotación política o ideológica».
La elección del nombre del barrio, sin embargo, no está exenta de contradicción: la Almáciga ya da nombre a una calle principal, una zona verde y un centro juvenil, por lo que la pérdida de toponimia que esgrimen los promotores resulta, cuando menos, discutible. El centro alega que el nombre actual provoca confusión con otras instituciones homónimas en la ciudad, un argumento que, aplicado a la inversa, también podría esgrimirse contra cualquier denominación común.
El trasfondo político: BNG, Compostela y el voto del barrio
La iniciativa del colegio coincide en el tiempo con otra campaña del BNG que busca rebautizar la propia ciudad. En carteles oficiales con el topónimo de Santiago, el partido nacionalista ha añadido el lema «Compostela de Rosalía: mes de rebeldía» junto al rostro de la poetisa gallega. El PP local denunció que estos carteles son «ilegales» y suponen una infracción de la Ley de Tráfico. La coincidencia no es baladí: de las 116 mesas electorales de Santiago, el BNG de la alcaldesa Goretti Sanmartín solo fue la candidatura más votada en 16, entre ellas las dos correspondientes al CEIP Apóstol Santiago. En las otras cien ganó el candidato popular Borja Verea, que se quedó a dos concejales de la mayoría absoluta.
El episodio ha reavivado el debate sobre el uso político de los símbolos religiosos y la identidad territorial. Hay quien sostiene que el cambio de nombre responde a una estrategia más amplia para desligar la ciudad de su tradición católica, mientras que otros defienden que se trata de una simple actualización administrativa. Lo cierto es que el proceso, aún en trámite, deja abierta la pregunta de si un colegio público debe llevar el nombre de un santo o el de su barrio.
Reacciones divididas: entre la dignificación y el rechazo
Las opiniones que ha generado el anuncio van desde el apoyo entusiasta hasta el rechazo frontal. Una parte de los participantes considera que el cambio es una oportunidad para «dignificar» un barrio estigmatizado y para reforzar la identidad local. Otra parte lo interpreta como un ataque a la tradición cristiana y un síntoma de lo que describen como «acomplejamiento» de la izquierda compostelana. Algunos mensajes señalan que la medida responde a la composición sociológica del barrio, donde se han instalado familias jóvenes de perfil universitario y progresista.
Entre los argumentos más repetidos está el coste de oportunidad: con problemas como la vivienda o la inflación, dedicar esfuerzos a un cambio de nombre resulta, para muchos, una frivolidad. También hay quien recuerda que no es un caso aislado y que en otras ciudades se han producido intentos similares, a veces frustrados por la oposición vecinal. El resultado final dependerá de la decisión de la administración educativa gallega, que aún no se ha pronunciado.
¿Qué pasará con el nombre del colegio?
El proceso sigue su curso administrativo. La solicitud, firmada por el director del centro y respaldada por el Consejo Escolar, deberá ser autorizada por la administración educativa gallega. Hasta entonces, el colegio mantiene su denominación actual. No hay un calendario público para la resolución, y el asunto ha quedado envuelto en la polémica política local, con el BNG defendiendo la medida y el PP criticándola como un ejemplo de «sectarismo». La comunidad educativa, mientras tanto, observa dividida un cambio que, si se consuma, convertirá al Santiago Apóstol en el CEIP da Almáciga.