Batman de Warner: dos versiones, un herido grave y la sombra de la negligencia
¿Qué falló en Batman Gotham City Escape? A las 14:30 horas, un hombre de 49 años salía despedido de su asiento en la montaña rusa más agresiva del Parque Warner de Madrid. Cinco horas después, ninguna versión oficial: el parte médico lo define como “potencialmente grave”. Dos relatos compiten por explicar el incidente, y de cuál gane dependen indemnizaciones, multas y una factura millonaria.
Dos versiones, cero explicaciones
La primera hipótesis, que circula con fuerza, sostiene que el pasajero se desvaneció por la intensidad del recorrido y sus piernas chocaron violentamente contra el vagón. La segunda, apuntalada por una testigo que esperaba en la cola, asegura que el hombre “se deslizó fuera de su asiento” y quedó parcialmente atrapado. La diferencia es sustancial: un desmayo exculparía al parque; un deslizamiento apuntaría a un fallo del sistema de retención. La dirección no ha publicado las grabaciones de seguridad, un silencio que algunos interpretan como una maniobra para ganar tiempo.
El perfil del herido y el arnés de Batman
Los datos que han ido saliendo a la luz complican la versión del simple desfallecimiento. El herido, según varias fuentes, acudió en silla de ruedas y pesaba alrededor de 120 kilos. La atracción, una Intamin de barra de regazo sin arnés de hombros, sujeta al pasajero por pelvis y muslos; está diseñada para cuerpos con movilidad plena. Las propias normas del parque prohíben el acceso a personas con disfunción en las piernas que impida controlar el cuerpo bajo fuerzas G. ¿Cómo subió entonces? Es la pregunta que divide a los analistas. Para unos, el parque debió impedir el acceso; para otros, el hombre entró voluntariamente tras leer las advertencias, y asumió el riesgo.
Una montaña rusa con buena fama, pero no infalible
Batman Gotham City Escape comparte genealogía con la VelociCoaster de Universal Orlando, también de Intamin, por la que pasan millones de visitantes sin incidentes. La casa B&M, que fabricó la Shadow of Arkham del mismo parque, presume de cero muertes en su historia; las dos únicas registradas en una atracción Batman, en Six Flags Over Georgia, fueron de personas que saltaron las vallas en 2002 y 2008. La ingeniería, en resumen, es solvente. Pero la fiabilidad no elimina el factor humano: basta un mal ajuste de la barra, una verificación rápida en hora punta o un pasajero que no cumple los requisitos para que la estadística se rompa.
Inspecciones y el negocio de la responsabilidad
El accidente reabre el debate sobre las OCAs, las entidades que certifican las atracciones. Hay quien defiende que sin su informe favorable no se autoriza la apertura; otros recuerdan que el procedimiento ha cambiado en los últimos 14 años y ahora busca “encontrar rápidamente un culpable” para que el seguro libere a la administración de indemnizaciones. La pregunta económica es directa: ¿quién paga? Si prospera la tesis del fallo de mantenimiento, el parque asume una indemnización millonaria y el golpe a su imagen. Si se impone la teoría del desmayo, la aseguradora del visitante se hace cargo. Y si el juez entiende que hubo asunción voluntaria del riesgo, el coste recae sobre la víctima.
Mientras tanto, Batman sigue colgado en su Gotham particular, a la espera de que alguien aclare si el culpable es el hombre, la máquina o el sistema. El superhéroe, mudo, no piensa mojarse.