China negocia comprar Gazprom y Rusal mientras Europa se queda sin gas
Bloomberg publicó que China estudia salir al rescate de Gazprom y otros gigantes rusos. La operación se haría a través de empresas estatales: China National Petroleum, Sinopec, Aluminium Corp. of China y China Minmetals. Ya habría conversaciones. Las fuentes citadas por la agencia señalan que Beijing analiza «cualquier oportunidad de inversión en empresas o activos rusos». El movimiento llega cuando las sanciones occidentales han dejado a Moscú sin compradores en Europa y con el precio del crudo ruso hundido.
Qué compra China y por qué ahora
El país asiático no parte de cero. CNPC tiene un 20% en el proyecto Yamal LNG; China posee un 10% de Arctic LNG 2 y Cnooc otro 10%. La noticia encaja en una instrucción interna: los principales funcionarios del gobierno chino emitieron órdenes de dar prioridad a garantizar los suministros de materias primas ante el impacto en precios de energía y alimentos. El canciller Wang Yi calificó los lazos con Rusia de «sólidos como una roca».
La jugada tiene dos lecturas. La primera: China compra barato lo que Europa ha dejado de comprar. La segunda: no es una operación de caridad, es una reserva estratégica. Hay quien sostiene que Beijing lleva tiempo comprando metales a futuro y petróleo con la mente puesta en el mundo que se construirá después. Si Rusia necesita vender y Europa no compra, el comprador pone precio. Y el comprador es uno.
El gas ruso que Europa ya no quiere
El debate sobre el precio es el núcleo. Una parte del análisis sostiene que Rusia está vendiendo gas y petróleo con un descuento del 40%. Otra corriente señala que a Europa le da igual comprar a una empresa china o rusa a medio plazo: lo relevante es que China no tiene infraestructura para consumir todo el gas ruso que Europa dejaba de comprar, así que su interés real es quedarse con parte del beneficio de la venta a Europa. Los rusos pierden soberanía; los chinos ganan margen.
El detalle de las participaciones ya existentes desmonta la idea de una operación improvisada. China lleva años tejiendo acuerdos energéticos con Moscú. Lo nuevo es la escala: comprar o aumentar posiciones en empresas estratégicas de energía y materias primas, entre ellas el productor de aluminio United Co. Rusal. Todo a través de empresas estatales. Sin subasta, sin competencia, sin prensa.
La factura europea
Europa afronta el invierno con los precios de la energía disparados y la compra de gas a Estados Unidos más cara que la que hacía a Rusia. El movimiento chino no resuelve ese problema: lo agrava. Si las empresas rusas acaban en manos chinas, el precio del gas que Europa compre en el futuro lo pondrá Beijing. Y Beijing no tiene por qué ser más benévolo que Moscú.
La discusión sobre si Rusia era una economía dependiente de Europa o una potencia se ha quedado vieja. Rusia vendía materias primas a cambio de papelitos de colores; ahora las venderá a China. La pregunta es si ese cambio de comprador es una derrota rusa o una victoria china. Las dos cosas. Y Europa, mientras, mira el contador de la calefacción.
El punto donde el análisis se atasca: nadie sabe si los rusos venderán de verdad participaciones de control en Gazprom o Rusal. Comprar acciones es una cosa; entregar el imperio gasista es otra. La guerra empezó por el gas. Y el gas sigue mandando.