Vox, de 32 a 200 escaños: el abanico de quinielas para el 23J
Con la campaña del 23J en su recta final, la previsión de escaños para Vox se movía en un rango imposible de manejar: de 32 a 200. En medio, un dato que circulaba en el hilo situaba a la formación de Santiago Abascal por encima de
los 70 diputados. Ni confirmado ni desmentido, el dato servía para todo: para quien lo veía corto, para quien lo consideraba un
brindis al sol y para quien dudaba hasta del recuento.
El punto de partida era una convocatoria electoral en pleno verano, con el
voto por correo en el centro de todas las sospechas. Y una pregunta de fondo sin respuesta: cuánto espacio real le queda a la derecha cuando el mensaje del
voto útil empuja en dirección contraria.
Cuántos escaños le dan a Vox las previsiones
Más de 70. Esa era la referencia alta que circulaba en el hilo, y sobre ella se construyó el resto de la conversación. Otras proyecciones la rebajaban a una horquilla de
66 a 70 escaños siempre que no hubiera incidencias en el recuento. Y unas terceras la elevaban sin pudor: una previsión que un participante atribuía a la Global Elections History Society y fechada el 11 de julio de 2023 apuntaba en la misma dirección, mientras que un pronóstico anterior, del 3 de junio, ya hablaba de al menos 75.
El contraste con el escenario bajo era brutal. La cifra más prudente dejaba a Vox en
32 o 35 escaños, con un argumento difícil de rebatir: en televisión el partido apenas existe y buena parte del electorado solo conoce lo que ve en pantalla. Para calibrar, el resultado de la cita anterior se situaba en 52 diputados. Subir de ahí a 70 es una cosa. Saltar a 200, otra muy distinta.
El voto útil que frena a Vox y engorda al PP
El trasvase de votos funcionaba en las dos direcciones y ninguna favorecía a Vox. Un perfil repetido: votantes que en comicios anteriores habían apoyado a la formación y que esta vez se iban al PP por el voto útil, convencidos de que concentrar el voto contra el Gobierno pesa más que la fidelidad. No era un caso aislado: aparecía descrito en el entorno familiar más cercano de quien lo contaba.
En el lado opuesto, el miedo a que Vox entre en el Ejecutivo también movía papeletas, y no precisamente hacia la derecha. Había votantes habituales del PP dispuestos a votar al PSOE solo para evitar ese escenario, con un patrón que se repetía entre mujeres. A eso se sumaba un cálculo estructural: no hay tanto espacio de derechas. El PSOE, aseguraban, siempre conservará una bolsa de
100 escaños gracias a un electorado que no concibe traicionar su origen obrero.
El temor al pucherazo y el voto por correo de julio
Celebrar elecciones en julio, señalaban las voces más críticas, multiplica las opciones del voto por correo y, con ellas, el margen para manipular. La sospecha se extendía a todo el proceso, aunque no todos la compartían. El argumento escéptico era rotundo: en las mesas hay interventores de todos los partidos y cualquier ciudadano puede comprobar que lo contado coincide con lo publicado.
¿Y el fraude por correo? Puede existir, admitían, pero su peso suele ser tan reducido sobre el total que solo en circunstancias extraordinarias altera un resultado. Con una excepción: estas elecciones, por celebrarse en verano, daban al voto postal más relevancia de la habitual.
La aritmética: 350 escaños y muy pocos libres
El reparto matemático invitaba a la prudencia. De los
350 diputados, una proyección reservaba 40 a los partidos locales, 100 al PSOE, 100 al PP y 30 a Sumar: quedaban unos 80 libres. Pero las encuestas dibujaban un PP y un PSOE muy por encima, en torno a 130 y 120 escaños, lo que dejaba solo
30 disponibles para Vox. Un ejercicio sencillo que rebajaba cualquier expectativa de mayoría.
El detalle territorial remataba el cuadro. En A Coruña,
8.000 votos más valían un escaño, y el margen se decidía a costa de otros partidos según su hundimiento o su resistencia. Los diputados no se reparten por porcentaje nacional, sino provincia a provincia, y ahí cada voto pesa distinto.
Qué pasa si Vox se acerca o supera al PP
Algunas lecturas iban más allá del recuento y dibujaban un escenario a medio plazo: si Vox crece lo suficiente, acabaría liderando la oposición y las dos formaciones mayoritarias terminarían convergiendo en un bloque bicéfalo. La idea circulaba con sorna —faltaban nombres para esa hipotética alianza— pero con un fondo serio: la coincidencia en las grandes políticas entre PP y PSOE es lo que, según este análisis, empuja al votante descontento hacia los extremos.
En Galicia, mientras tanto, la ambición era más modesta y más concreta: arañar un escaño en la provincia propia. Ese objetivo resume bien la distancia entre la expectativa inflada y un sistema que se gana escaño a escaño.
El análisis se atasca en el mismo punto en el que empezó: nadie sabe cuántos votos de Vox quedan ocultos. Una parte sostiene que mucha gente votará a la formación sin reconocerlo, harta del eje PP-PSOE. Otra cree que el voto útil ya hizo su trabajo y que el techo está puesto. Entre 32 y 200 escaños caben casi todos los futuros posibles.