No estoy hablando de ejércitos que peguen tiros como en el 36.
España, a día de hoy, está partida en dos bloques antagónicos y enfrentados. Y todos sabemos de qué pie político cojea cada uno de nuestros allegados, conocidos, compañeros de trabajo, familiares y amigos.
Un día yo te quemo la casa, otro día me queman el negocio.
Un día me atropellan a mis descendientes en un paso de cebra, otro día no te pago las facturas de autónomo.
Un día te dejo caer una maceta en la cabeza, otro día nos vamos de tu restaurante sin pagar.
Y todo esto multiplicado por millones de acciones individuales en una gigantesca bola de nieve destructiva: no hay policías o juzgados suficientes que lo detengan.
Las guerras hibridas del siglo XXI ya no consisten en pegar tiros desde una trinchera, sino que tratan de fomentar el caos y la división social mediante acciones individuales.