Sánchez reactiva el Consejo de Seguridad Nacional con la crisis de Ceuta aún abierta
Tras un mes en la residencia de La Mareta, Pedro Sánchez ha convocado al Consejo de Seguridad Nacional. La reunión llega con la presión migratoria sobre Ceuta en primer plano y las críticas por la desconexión del presidente durante el verano. Ni el órgano ni el Gobierno han adelantado medidas concretas, lo que alimenta la sensación de que la convocatoria es más escenificación que respuesta. El propio anuncio, sin agenda pública, recuerda a otros episodios en los que la urgencia se ha resuelto con una foto y pocas decisiones.
Un mes en La Mareta y una reunión de urgencia
El Consejo de Seguridad Nacional asesora al presidente en materia de seguridad y defensa. Su reunión exprés debería enviar una señal de control, pero la secuencia temporal juega en contra: la crisis ceutí no ha estallado esta semana, y el presidente ha pasado treinta días de vacaciones mientras se sucedían las llegadas irregulares y crecía el malestar en la ciudad autónoma.
La pregunta que flota no es si el Consejo es necesario, sino por qué ha hecho falta esperar a la vuelta de vacaciones para sentar a todos los actores en la misma mesa. Los precedentes de este órgano, convocado en crisis anteriores, muestran que su eficacia depende de que las decisiones se tomen antes de que el problema se enquiste. En esta ocasión, el expediente incluye además la gestión de las devoluciones, la presión diplomática con Marruecos y un malestar social creciente en la ciudad autónoma, que lleva semanas pidiendo refuerzos sin respuesta clara del Ejecutivo.
El coste de las instituciones: dietas incluidas
La burocracia de la seguridad tiene precio, y no solo en los aviones oficiales o en los helicópteros que se citan en las críticas. Los vocales permanentes del Consejo de Estado, que no es el de Seguridad pero comparte aroma de sacristía, perciben alrededor de 800 euros en dietas por sesión, más coche oficial y complementos. Una reunión de dos horas sale por lo que un trabajador medio tarda en ganar en tres semanas.
El dato no demuestra que la convocatoria sea inútil, pero sí retrata la distancia entre la urgencia que se escenifica y la rutina administrativa con que se gestiona. Mientras tanto, la oposición recuerda que el Gobierno no ha explicado qué hará con la frontera, cuánto costará la respuesta y quién pagará el despliegue. Hay quien ve en la reunión una maniobra para desviar la atención de otros frentes, desde las disputas internas del socio de coalición hasta la estrategia de Marruecos en el Mediterráneo.
Agosto y septiembre: la calle ya tiene calendario
Fuera de los despachos, la movilización avanza por su cuenta. El 29 de agosto llegarán a Ceuta más de 60 barcos procedentes de distintos puntos de España en señal de apoyo a los ceutíes. El 2 de septiembre están convocadas manifestaciones en todas las ciudades del país a las ocho de la tarde, también en apoyo a la ciudad autónoma. Estas citas, organizadas al margen de los partidos, reflejan un malestar que el Gobierno no ha sabido canalizar.
La convocatoria del Consejo puede leerse como un intento de recuperar la iniciativa tras un verano de ausencias, o como la constatación de que se llega tarde. No hay calendario de medidas, no hay anuncio de recursos extraordinarios. Solo una reunión, su coste y la certeza de que la calle no va a esperar a que Moncloa decida. El análisis se atasca en el mismo punto que el presidente: a la espera de que alguien diga qué se va a hacer.