Oklahoma envía su Guardia Nacional a la frontera de Texas
La disputa entre Texas y la Administración federal por el control de la frontera ha dejado de parecerse a un pulso jurídico para parecerse a un despliegue militar entre estados. El gobernador de Oklahoma,
Kevin Stitt, ha anunciado el envío de la Guardia Nacional de su estado en apoyo de Texas, siguiendo el llamamiento público de
Donald Trump a los gobernadores republicanos. Hasta ahí, el comunicado. Lo demás es un mapa coloreado, varios gestos legislativos y ninguna orden de retirada.
Qué ha anunciado Oklahoma y qué han respondido los demás
El anuncio no llega aislado. La congresista Marjorie Taylor Greene ha asegurado que
25 gobernadores respaldan a Texas y que los artículos de
impeachment contra el secretario de Seguridad Nacional, Mayorkas, ya se tramitan en comisión. En la misma dirección, hay quien señala que Florida prepara una norma para poder desplegar su Guardia Nacional fuera del estado. Desde Austin, el vicegobernador Dan Patrick ha lanzado un aviso: confrontar a la Guardia Nacional texana con fuerzas federales sería el mayor error que podría cometer la Casa Blanca.
Nadie ha movido todavía una unidad. Pero el lenguaje ya es el de una crisis institucional.
Qué es la Guardia Nacional y por qué no equivale a la Guardia Civil
Conviene precisar la naturaleza de la fuerza movilizada, porque la comparación con cuerpos policiales españoles engaña. La Guardia Nacional estadounidense es una
fuerza de reserva en activo, controlada por cada estado y su gobernador, aunque el gobierno federal también manda sobre unidades que quedan federalizadas. Su equipamiento es plenamente militar: blindados, artillería, aviación e incluso helicópteros de ataque. Sus integrantes hacen vida civil y entrenan de forma periódica.
Se ha desplegado puntualmente en guerras como la de Irak y participa en control de multitudes y emergencias. Una comparación más ajustada sería la de una
Protección Civil militarizada que la de una gendarmería al uso. Ese detalle explica por qué el pulso se lee en clave de escalada y no de simple disputa administrativa.
El mapa rojo: 25 gobernadores y el impeachment de Mayorkas
Circula una representación gráfica de EEUU en la que los estados que no reconocen al gobierno federal y apoyan a Texas aparecen coloreados en rojo. Según esa lectura, muchos de ellos ya habrían empezado a enviar tropas de la Guardia Nacional para un posible enfrentamiento. La cifra que se repite es la de 25 gobernadores alineados.
La otra pata es política: la ofensiva contra Mayorkas en el Congreso. Y la tercera, la advertencia desde Texas de que no habrá marcha atrás. Sobre si todo esto desemboca en algo, la respuesta más repetida es que no: que es
precampaña electoral de 2024 y que la temperatura sube porque hay
elecciones, no porque exista un plan.
La inmigración como eje del pulso político
El fondo del asunto es el control de los flujos migratorios en la frontera sur, convertido en el gran eje de la política occidental. Una parte de los análisis sostiene que la presión migratoria explica el
brexit, el auge de fuerzas de derecha en Europa y el regreso de Trump a la primera línea. Otra recuerda que los territorios en disputa fueron arrebatados a México y que el endurecimiento llega, precisamente, cuando la economía se tensa.
Entre medias, hay quien señala que buena parte de quienes reclaman mano dura son hijos o nietos de migrantes que entraron por esa misma frontera hace tres décadas. La discusión sobre cupos y control fronterizo se hace, en cualquier caso, sin que ninguna de las partes haya presentado un plan operativo concreto.
Una película de 1997 que ya contaba esta historia
La coincidencia más comentada es cinematográfica. Una película de bajo presupuesto estrenada en
1997 —disponible completa y gratis en internet— describe a una trabajadora de una ONG que traslada a huérfanos pakistaníes a EEUU, el gobernador de Idaho que se niega a acogerlos y un presidente que, en año electoral, endurece el discurso para no parecer débil. Los informativos echan leña y la espiral sube sola.
Su trama incluye también a un estado costero que se niega a cerrar sus fronteras y episodios de violencia entre bandas. Quien la ha visto estos días insiste en que el parecido no está en la calidad del filme, sino en la sucesión de acontecimientos.
Si algo permite prever este pulso es que la retórica va muy por delante de los movimientos reales. Con 25 gobernadores alineados, un impeachment en marcha y una Guardia Nacional en camino, lo probable es que la crisis se desinfle en los tribunales y en los mítines. Aunque conviene recordar que las predicciones más tranquilizadoras son, casi siempre, las que se formularon antes de que alguien moviera la primera unidad.