Ursula von der Leyen: de dónde viene y qué intereses la rodean
En su ficha oficial figura un doctorado en Medicina. En su partida de nacimiento figura otro apellido:
Albrecht. Ursula von der Leyen llegó a la presidencia de la Comisión Europea sin pasar por unas elecciones directas, y ahí arrancan casi todas las sospechas que arrastra. Su biografía, su familia y los negocios de su entorno, sobre todo los sanitarios, forman un nudo que el escrutinio público lleva tiempo intentando desenredar. Conviene separar lo documentado de lo que solo es acusación.
De Albrecht a Bruselas: una carrera sin urnas
El apellido que luce no es el de nacimiento. Nacida Ursula Albrecht, su padre fue, según se ha divulgado, uno de los primeros funcionarios de la entonces incipiente estructura comunitaria europea. Ese dato se utiliza para explicar por qué su ascenso institucional parece escrito de antemano:
de familia de rancio abolengo, resumen quienes lo citan.
Su formación es médica y su historial personal, extenso:
siete hijos. Ese detalle, aparentemente doméstico, se ha convertido en munición en los análisis sobre huella de carbono y emergencia climática, porque la misma dirigente que reclama apretarse el cinturón energético tiene una familia numerosa. La crítica no es exclusiva de un bando. Y sigue en el cargo, sin que los ciudadanos la hayan votado directamente para él.
El marido, Orgenesis y el negocio de las terapias génicas
Heiko von der Leyen, marido de la presidenta, es
director médico de Orgenesis, una biotecnológica estadounidense especializada en terapias génicas, las mismas que han servido de base a las vacunas de Pfizer y Moderna. Forma parte de su consejo científico desde 2019 y ocupa su puesto desde septiembre del año anterior a esta discusión, según el relato que circula. Orgenesis trabaja en el programa
BioShield, un proyecto declarado de supervacuna que se está probando en ratones.
Antes de eso, Heiko von der Leyen y el vicepresidente de Orgenesis, Vincent Wandamm,
trabajaron once años para GlaxoSmithKline. Wandamm había sido director de calidad de Pfizer durante ocho. Muchos empleados de Orgenesis pasaron antes por la multinacional estadounidense, y los principales accionistas de ambas compañías coinciden, según se sostiene a partir de datos de la Bolsa de Nueva York. En agosto de 2019, GSK y Pfizer anunciaron la combinación de varios negocios en la sociedad conjunta GSK Consumer Healthcare.
¿Cuánto dinero hay en el contrato de Pfizer con la UE?
Aquí es donde las cifras se vuelven incómodas. Los contratos firmados entre Pfizer y la Comisión Europea no se han hecho públicos, y los mensajes y llamadas entre ambas partes se habrían borrado deliberadamente. Sobre esa opacidad, un cálculo que circula estima que a
20 dólares la dosis Pfizer habría facturado a la UE unos 36.000 millones. Con la comisión del 2% habitual en Bruselas para operaciones de ese volumen, alguien habría ingresado 760 millones. Nada de esto está confirmado: son estimaciones, no documentos.
La sospecha se formula siempre en condicional, y esa es la parte importante. No existe confirmación pública de que se hayan pagado comisiones, de su cuantía ni de quién las habría cobrado.
McKinsey, el hijo David y el contrato de la Bundeswehr
Otro frente es el hijo. David von der Leyen trabaja en la consultora McKinsey y participaba de sus beneficios, según las informaciones difundidas. McKinsey habría recibido millones de euros por asesorar a la Bundeswehr, el ejército alemán, cuando su madre era ministra de Defensa. La misma firma se encargó de diseñar campañas de comunicación de la pandemia y de la logística de distribución de las vacunas. Es el tipo de coincidencia que no prueba nada y alimenta todo.
¿Es cierto que quiere derogar el Código de Núremberg?
Circula la afirmación de que la presidenta pretende derogar el Código de Núremberg para imponer la vacunación obligatoria a los 445 millones de habitantes de la Unión. No hay constancia pública de tal iniciativa legislativa. La obligatoriedad vacunal sigue siendo materia de decisión nacional, no de Bruselas.
Lo que sí está sobre la mesa es un problema de fondo: la percepción de que las decisiones sanitarias de la UE y los intereses privados de quienes las toman comparten demasiadas direcciones postales.
Si los contratos no se publican y los mensajes se borran, ¿contra qué se discute: contra un dato o contra una intuición? La respuesta la tiene quien pueda leer los papeles.