Agresión por sorpresa a mujeres en EE.UU.: un detenido y un vídeo que da la vuelta al mundo
El vídeo es duro de ver. Un hombre golpea por la espalda a varias mujeres que caminan por la calle, sin mediar palabra. Una de ellas, que llevaba un globo para animar a un convaleciente, acaba en el suelo con daños graves. El suceso, difundido por el medio local WBTV, ha corrido como la pólvora. Las autoridades detuvieron al sospechoso el pasado 6 de agosto.
Qué se sabe del ataque
Las imágenes, grabadas con móvil, muestran a un individuo que aborda por sorpresa a viandantes. No se aprecia discusión previa: la agresión es gratuita, al azar. Los testigos que pasan en coche no se detienen para auxiliar a las víctimas. La más grave, según las primeras informaciones, es una mujer que portaba un globo para animar a alguien convaleciente. El detenido, cuya identidad no ha sido difundida de forma oficial, permanece a disposición de la justicia.
El ruido de fondo: racismo, ideología y crispación
Lo llamativo no es solo la violencia, sino la reacción que ha provocado. Una parte de los comentarios en redes justifica la paliza con argumentos ideológicos, mientras otra la condena sin matices. Hay quien ve en el vídeo la confirmación de sus prejuicios sobre la inmigración; quien responde que el problema es la salud mental del agresor; y quien aprovecha para atacar al feminismo. Las tres lecturas simplifican un suceso que, por ahora, solo permite afirmar que un hombre golpeó a mujeres y fue detenido.
La tentación de la simplificación
El suceso ha derivado en una batalla campal de etiquetas. Para unos, es la prueba de que la seguridad ciudadana se ha degradado; para otros, un episodio aislado de desequilibrio mental. Algunos comentaristas han llegado a sugerir que en Estados Unidos un particular habría podido responder con un disparo al amparo de la legislación sobre defensa propia. Son hipótesis jurídicas que, a falta de cargos concretos, pertenecen al terreno de la especulación.
La fiscalía tendrá que determinar si el sospechoso actuó por odio o por un brote psicótico. Mientras tanto, el vídeo sigue ahí: incómodo, brutal, y con una pregunta que nadie responde del todo: cómo hemos llegado a que parte de la opinión pública aplauda una paliza callejera.