De dormir en la calle a aprobar las oposiciones a sepulturero
En Brasil, el empleo que nadie quiere —cavar tumbas— acaba de operar como ascensor social. Valter, 41 años, llevaba años sin techo; estudió cuatro meses en los bancos de un parque y aprobó las
oposiciones a sepulturero. «Creí en mi potencial», resume. Aspira a una casa propia y a formar una familia.
Quién es Valter y qué oposición ha aprobado
Valter es un brasileño de 41 años que vivió en la calle durante años. Preparó el examen sentado en bancos de parque y lo superó en cuatro meses. El destino del puesto no invita al entusiasmo: sepulturero. La noticia, recogida por La Razón, ha disparado el interés por un oficio de demanda casi nula y ha servido para medir hasta dónde sube alguien cuando por fin tiene tiempo.
Por qué un sepulturero se convierte en noticia
Cavar tumbas no es un destino deseado en un país que supera los 30.000 homicidios al año, lo que asegura trabajo pero confirma el estigma del oficio. La escena tiene precedente histórico: en la España de los años cincuenta nadie quería el puesto y circulaba aquello de «pasas más hambre que el conserje». La diferencia de fondo es el punto de partida de Valter.
Las dudas sobre el proceso y sobre el acceso
Hay quien cuestiona la limpieza del concurso público —se insinúa un posible amaño, sin prueba alguna— y quien discute si un extranjero puede ser funcionario o si Brasil siquiera tiene esa figura laboral tal y como se concibe en España. Según la información publicada, el acceso se produjo superando un concurso público. El resto son sospechas, no hechos.
Queda la pregunta incómoda: ¿cuántos Valter siguen esperando un banco de parque y una plaza que nadie más quiere?